martes 07 de mayo de 2019 - 12:00 AM

Apuntes sobre la decrepitud

No hay vida eterna, ni presidente eterno, pero sí hay esperanza de librarnos de la decrepitud biológica y también de la decrepitud política

He aprendido en los últimos años que morir enfermo no es obligatorio y que existe la otra y mejor alternativa cual es la de morir sano. La inmortalidad no es una opción. Sin embargo, durante muchos años varios grupos de investigación han trabajado sobre la hipótesis de detener el progresivo desvanecimiento de los telómeros (encargados de la estabilidad estructural de los cromosomas, la división celular y el tiempo de vida de las estirpes celulares), con el objetivo de lograr una longevidad que se acercara a la vida eterna. Después de los desalentadores resultados con el “resveratrol” a pesar del esfuerzo de nuestra diva Amparo Grisales, los científicos han desviado el rumbo de sus ensayos para llevarlos ya no a la longevidad, sino a combatir con medicamentos las causas de las enfermedades que acompañan la vejez y que llevan a la decrepitud en la última década de la vida, y de esa manera, lograr que la muerte nos encuentre bien sanos.

Gracias a los avances científicos hemos logrado duplicar los años de vida en el último siglo y medio para tener una expectativa razonable de permanecer en este mundo aproximadamente 85 años y alguno pocos, algo más. Sin embargo, una quinta parte de nuestras vidas la pasamos luchando contra las enfermedades crónicas. El envejecimiento no es otra cosa que la pérdida progresiva de nuestro organismo para auto repararse de acuerdo con un diseño de nuestra evolución, que nosotros hemos roto al duplicar nuestra existencia, con la consecuencia de vivir para enfermarnos dado que nuestros tejidos se obstruyen con aglomerados de proteínas y otros desechos celulares, desarrollando mutaciones genéticas, células tumorales, debilidad en la inmunidad, en un entorno generalizado de inflamación de “bajo nivel”, consecuencia de una falla programada en la “central energética” de las células : la mitocondria. La gran industria de biotecnología hoy invierte en detectar “células senescentes” y limpiarlas de nuestro organismo mediante algún medicamento, librándonos probablemente, de ateroesclerosis, diabetes tipo 2, osteoartritis, cataratas, Parkinson, Alzheimer y otras enfermedades. No hay vida eterna, ni presidente eterno, pero sí hay esperanza de librarnos de la decrepitud biológica y también de la decrepitud política.

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