martes 24 de noviembre de 2009 - 10:00 AM

Colombia insegura, seguro

Hoy estamos en un estado  mayor de inseguridad que ayer.

El abuso sexual a menores  incluyendo el incesto es una práctica perversa que se repite en campos y ciudades generando traumas imborrables  con repercusiones dañinas a las víctimas.

Los medios registran un cálculo de ocho millones  de mujeres maltratadas físicamente , con las repercusiones sobre su autoestima y su integridad personal.

Después de un leve retroceso  en el número de homicidios, la cifra ha retornado a los valores de hace un lustro.

Las muertes en accidentes de tránsito relacionadas con intolerancia, ingesta de bebidas alcohólicas  e imprudencia, son escandalosas. Sesenta  motociclistas del  área  metropolitana de Bucaramanga  han fallecido durante el año 2009.

El número de menores  de edad, víctimas de sicarios,  de minas  y de balas perdidas, es indicador de la barbarie. Pocas ciudades se encuentran libres de registrar homicidios cometidos por sicarios.

Las noticias  frecuentemente nos dan a conocer incidentes provocados por explosivos y granadas producidos por reinsertados  provenientes de las  guerrillas, los paramilitares o por ex  miembros de la fuerza pública.

El fleteo, el atraco callejero y a residencias es pan de cada día.

El conflicto interno- nombre eufemístico con el que designamos la guerra de cuarenta años que se libra en nuestro suelo - parece recrudecer por momentos, y el increíble promedio de dos masacres por semana en los últimos veinte años,  nos deja como uno de los sitios más violentos del mundo.

Como si todo esto fuera poco, se firma un tratado con los americanos que pocos conocen y que alborota e inquieta a los vecinos, no sin razón, y que añade a toda nuestra violencia y al estado de inseguridad en que vivimos, la posibilidad real de un conflicto internacional que solo produciría desolación y muerte.

Alguien comentó que debiéramos utilizar  nuestra experiencia en las armas, el asalto y la violencia para apoderarnos de la riqueza venezolana, como lo han hecho los pueblos conquistadores. A tal ironía le respondo que solo seríamos carne de cañón para que los americanos permitan que sus corporaciones petroleras encuentren terreno propicio a sus intereses.

Las guerrillas arrinconadas tendrían en un conflicto regional el oxígeno que las reanimaría.

 

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