martes 03 de noviembre de 2009 - 10:00 AM

Cómplices y felices

Colombia es singular y paradójica. Violenta como la que más, pero feliz como ninguna. Muchos estudios han confirmado nuestra sensación de bienestar y han confirmado también el alto índice de inseguridad. El reciente informe del Instituto Legatum, nos ubica en el último lugar en esa materia entre 104 países.

En los últimos 20 años, los colombianos hemos sido protagonistas de más de dos mil masacres, alrededor de dos por semana, con miles de víctimas y con la mayoría de sus victimarios en la impunidad absoluta. Masacres como la de Trujillo con 364 muertes, la del Salado, la de Mapiripán, tuvieron un precario registro en los medios y un aún menor seguimiento periodístico. Algunos trabajos, entre ellos los de Pirry y los de Morris, han evitado que un manto de olvido cubra tal tragedia nacional.

Yo me pregunto, ¿cómo hemos podido ser felices tantos años con nuestros campos inundados de sangre y con hedor de muerte?. No podemos decirnos que no nos percatábamos de la ola criminal. Los cuatro millones de desplazados que atosigan nuestras ciudades con su expresión semaforil, se han encargado de hacernos visible la tragedia.

Autores de masacres han sido la guerrilla, los paramilitares y también agentes del Estado. Todos merecen el repudio, pero por sobre todo, merecen reparación y justicia, las víctimas.

Ahora exportamos masacres al vecindario. Las acaecidas en el Táchira y en Barinas causaron en su mayoría muertes colombianas y muy probablemente en su mayoría o en su totalidad con autoría colombiana. Recientemente unos indefensos Awas (niños entre ellos) fueron masacrados mientras dormían y hace pocos días, cuatro más, fueron acribillados durante un velorio.

Ante los hechos sucedidos en Venezuela, ha habido un encarnizamiento periodístico, (tal vez por la incidencia emocional en las gentes respecto al diferendo colombo-venezolano), encarnizamiento que debió merecer el cubrimiento y el seguimiento de esta barbarie nacional en el pasado.

Revisar con objetividad nuestra realidad, desactivar los conflictos, activar la diplomacia, desinflamar los espíritus, liderar para la concordia, es la urgencia nacional.

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