martes 27 de agosto de 2019 - 12:00 AM

Creatividad y estupidez

la ausencia de prioridad en la humanidad para combatir a su mayor asesino a lo largo de su existencia, muestra estupidez
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Nadie duda que el desarrollo de nuestro cerebro nos ha permitido imaginar, fantasear y crear, lo que nos condujo a un potencial nunca bien calculado de modificar nuestro entorno, la naturaleza... nuestra propia naturaleza. Una cifra me puso a pensar en nuestra indolencia y en cómo nuestra especie construye prioridades. Calculan que, en el planeta, han existido seres humanos en un número aproximado de cien mil millones. Hasta ahí, nada especial. Lo que me sorprendió fue la afirmación de que la mitad de esos seres humanos murieron de malaria. Es decir, la malaria ha asesinado a cincuenta mil millones de personas. Me fui a Google. Encuentro que, en la actualidad, 219 millones de seres humanos adquieren la enfermedad cada año y por su causa mueren 435 mil personas. Casi todos africanos. En Colombia, el Instituto Nacional de Salud, INS, ha registrado un comportamiento oscilante entre 50 mil y cien mil casos por año, principalmente en el Chocó, con un aumento significativo en el 2016 asociado a la minería ilegal. Además del Chocó, en toda la región pacífica, el Urabá, el bajo Cauca, el Alto Sinú, la Amazonía, la Orinoquía, sus habitantes están en riesgo de adquirir el parásito del género plasmodio que transmite la hembra del insecto anofeles al picar al individuo. Según el INS “Cerca del 60% de la población colombiana se encuentra en área de riesgo para adquirir la enfermedad o morir por esta causa”. Hay sitios como Uganda donde sus habitantes se enferman reiteradamente y el problema mayor es el diagnóstico de la enfermedad. Para hacer más expedito el procedimiento, Brian Gitta un inventor de esa nacionalidad está probando un dispositivo que aprovechando los cambios físicos y químicos que produce el parásito en la sangre y usando los principios de dispersión de la luz y el magnetismo, logra diferenciar entre sangre infestada y la normal a través de la piel y sin necesidad de una aguja y un largo examen al microscopio. La creatividad del inventor africano reitera la confianza en nosotros, pero la ausencia de prioridad en la humanidad para combatir a su mayor asesino a lo largo de su existencia, muestra estupidez.

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