martes 17 de septiembre de 2019 - 12:00 AM

De la sumisión a la incertidumbre

La era digital está aquí y no se va a ir. Solo que urge valorar profundamente su impacto, comprenderlo y construir los cambios adaptativos al presente
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Hemos sacrificado privacidad por una supuesta eficiencia y comodidad con los dispositivos que nos trae la era digital. Somos dependientes de los computadores con teléfono, que en esencia nos apoyan en casi todas las necesidades diarias, ya sean bancarias, para encontrar una dirección, para consultar acerca de un concepto de física cuántica, para poner la imagen buscando popularidad o comentar sobre cualquier tema que se nos ocurra y con ánimo preferencialmente crítico, o simplemente dar un “like”. La era digital con su inmensa capacidad de almacenar y analizar información y con una competencia de cómputo nunca antes vista, debe ser calificada como un avance de la humanidad, solo que este viene acompañado de un proceso silencioso de cambios mentales, sociales, políticos y culturales que son casi invisibles pero insidiosos.

Varios pensadores han alertado acerca de la amenaza creciente que la intrusión en el fuero íntimo de las personas, con máquinas prediciendo nuestros apetitos en todos los mercados, incluso en los de las ideas, puede conducir en el corto plazo a una erosión imparable de la democracia liberal y por ende derivar en sistemas políticos autoritarios, ampliando la brecha entre unos pocos dominadores de las herramientas digitales y una vasta mayoría de personas obedeciendo inconscientemente, en mayor proporción de la sumisión idiota que hoy padecemos.

Afirma Tirole, premio Nobel de Economía, que “el poder político ha perdido su influencia en favor del mercado y de una serie de nuevos actores”. Todos los ciudadanos independientes de nuestros orígenes, hasta ahora, reaccionamos ante los incentivos a los que nos enfrentamos. Dice el economista que estos incentivos unidos a nuestras preferencias definen nuestro comportamiento, que puede ir en contra del interés colectivo. Deduzco entonces que hoy los incentivos en la era digital siembran preferencias, modifican nuestro comportamiento y, paradójicamente, actuando en contra de la libertad individual, atacan el interés colectivo.

La era digital está aquí y no se va a ir. Solo que urge valorar profundamente su impacto, comprenderlo y construir los cambios adaptativos al presente con pensamientos e ideología acorde con los tiempos.

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