martes 01 de septiembre de 2020 - 12:00 AM

De regreso

Los juicios pasados al servicio del terror se parecen a las masacres de hoy. Llenan de sangre los campos y pretenden sembrar un “terror ejemplarizante” como el que los inquisidores lograron con sus juicios a herejes y animales.
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Los juicios contra animales han sido constantes en la historia y buscaban ser ejemplarizantes. San Agustín y Santo Tomás de Aquino los consideraron válidos, pues para ellos, los animales carecían de inteligencia, pero no de alma, por lo tanto, eran sujetos de excomunión y juzgamiento, pues eran instrumentos de satanás para hacer el mal a la humanidad.

Uno de tantos sucedió en Falaise, Francia, en 1385. Una pareja de campesinos sin techo, buscando proteger del frío a su bebé de tres meses de edad, acomodaron en un establo al niño, al lado del calor de unas ovejas. Dormido ya, sus padres se acostaron a prudente distancia, hasta cuando los despertó el llanto desgarrador del bebé, víctima de una cerda hambrienta que lo devoraba. El pequeño fue enterrado al día siguiente de Navidad. La cerda fue capturada e interrogada, sometida a “un debido proceso” y asistida por un abogado de oficio en juicio que concluyó con sentencia de muerte. En presencia obligada de los habitantes con sus animales, le cortaron el hocico, cubrieron su cabeza con una máscara humana, la vistieron de chaqueta, le cubrieron las patas con medias y las manos con guantes... y la colgaron. Cortaron sus piernas hasta que murió desangrada. Los juicios pasados al servicio del terror se parecen a las masacres de hoy. Llenan de sangre los campos y pretenden sembrar un “terror ejemplarizante” como el que los inquisidores lograron con sus juicios a herejes y animales. Nuestra sociedad feudal obedece en demasía al pensamiento del medioevo, expresado en el irrespeto al hombre, al animal y a la naturaleza, y en tanto no los protejamos, consolidando un Estado que defienda de verdad la vida y procure la equidad, regresaremos al siglo catorce, si es que alguna vez, hemos salido de la barbarie.

El proceso civilizatorio ha producido cambios, al menos en Europa. Aquí reina la impunidad y la maldad se pasea por los campos, encarnada en seres humanos deshumanizados por la codicia y aupados por los insensibles e indolentes adictos al poder. Son bárbaros con fusil y teléfono inteligente.

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