martes 24 de septiembre de 2019 - 12:00 AM

Democracia de tarjetón

Como una sociedad disfuncional nos inclinamos por aquellos que sabemos van a hacer de los recursos de todos su botín, contentándonos con unas pocas obras de bajo impacto
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Hay quienes se atreven a decir que un maltratador, en general, ha sido maltratado en su infancia y que quien haya vivido en medio de una familia disfuncional busca, sin proponérselo, repetir la desgracia familiar. Si lo anterior es cierto, pensaría que cuando se crece en el respeto y la tolerancia, también se buscará una pareja para construir esa forma de familia. Lo mismo debe suceder para una sociedad. La nuestra devino de forma caótica de lo rural a lo urbano, con el estigma del desplazamiento y la violencia, se agrupó sin construir de manera simultánea los valores de la convivencia, y en medio de carencia de oportunidades y con una inequidad vergonzosa, crecemos y morimos con las heridas abiertas, con oasis de reconciliación, siempre saboteados por quienes ven oportunidades egoístas sirviendo de idiotas útiles a intereses de otros lugares, o simplemente buscando el beneficio propio a cualquier precio, o como lo llamara el profesor Mockus: con el todo vale.

Por más que quisiera, no puedo ser optimista acerca de nuestra democracia, que en su mayor expresión se circunscribe a lo electoral, dando una supremacía a la democracia representativa sobre una real participación de los ciudadanos en sus destinos. Elegimos cada tanto a quienes nos van a gobernar o nos van a representar, pero todos los vicios se repiten de manera inmarcesible, no obstante, las denuncias que todos conocemos, de fraudes y constreñimientos, que las autoridades y nosotros los ciudadanos no queremos o no podemos desterrar. Como una sociedad disfuncional nos inclinamos por aquellos que sabemos van a hacer de los recursos de todos su botín, contentándonos con unas pocas obras de bajo impacto y claro, postergando las soluciones estructurales. Como ciudadanos sometidos, violentados y maltratados, buscamos repetir a los victimarios, quienes, sabiendo nuestra proclividad a la idiotez democrática, exhiben su capacidad corruptora con el cinismo de unas consignas contrarias a su esencia. Los ciudadanos a cambio, si estamos desesperanzados les pedimos dinero, si estamos agobiados pedimos puestos, pero si son de los mismos, o ven una oportunidad, los financian a cambio de contratos.

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