martes 12 de enero de 2021 - 12:00 AM

Desconocemos más de lo que sabemos

Nadie puede asegurar que con o sin confinamiento, la pérdida de vidas no sea similar. Hemos ganado tiempo, con un alto precio, a la espera de un tratamiento efectivo y de las vacunas, de las cuales desconocemos más que lo que conocemos.
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Vivir es sinónimo de incertidumbre. Nunca se había apagado la economía como se ha hecho en la actualidad, resultado de modelamientos que inducen a los gobiernos a considerar restricciones extremas a riesgo de un colapso sanitario con consecuencias políticas. Nadie puede asegurar que con o sin confinamiento, la pérdida de vidas no sea similar. Hemos ganado tiempo, con un alto precio, a la espera de un tratamiento efectivo y de las vacunas, de las cuales desconocemos más que lo que conocemos. Son un alivio, una esperanza y un riesgo. Sabemos que ninguna condición demográfica tiene riesgo cero de morir de covid-19, sin embargo, hemos aprendido que un hombre, mayor de 65 años, perteneciente a una minoría étnica, tendrá mayores riesgos de padecer una enfermedad severa, que una mujer de 64 años, de ingresos altos. Además, condiciones subyacentes tales como diabetes, enfermedad coronaria o pulmonar obstructiva crónica, aumentan la probabilidad de morir por esta virosis. Eso hemos aprendido, el problema es que no sabemos el porqué, como tampoco sabemos por qué algunos enfermos no se recuperan completamente y presentan síntomas durante meses. Menos sabemos por qué una persona infectada llega a tener una enfermedad severa y otra de características al parecer similares no presenta síntomas.

No hay certeza absoluta de cómo se transmite el virus, la evidencia en cuanto a el riesgo de contaminación mediante partículas virales en superficies es muy pobre. Hay acuerdo en cuanto que la principal ruta es por partículas en el aire, pero no sabemos cuan infeccioso permanece el virus en el aire ni a que distancia viaja. Sabemos, eso sí, que hay un mayor riesgo de contagio en espacios cerrados.

El 75% de los infectados no presentan síntomas y los tapabocas protegen al susceptible y disminuyen el riesgo de contagio desde el infectado asintomático. Es la razón por la cual las pruebas masivas y la estrategia PRASS son necesarias, pero lastimosamente no se ha hecho bien. Siempre hemos vivido desconociendo casi todo, la ciencia solo nos ha traído los aperitivos del saber. Hay que seguir viviendo con lo que somos, desconocemos y tenemos, asumiendo el riesgo de vivir.

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