martes 09 de julio de 2019 - 12:00 AM

Duque en San Mateo

Son tan entrañables la noción de patria y de familia que se convierten en los asuntos de mayor aprovechamiento político imprimiéndoles elementos ideológicos para generar reacciones
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Generamos apegos y dependencias afectivas a nuestro entorno, dado que ellos nos ayudan de manera efectiva a lidiar con la incertidumbre presente a lo largo de la vida. Es evidente el amor por nuestra tierra, con sus paisajes, sus olores y sabores, por lo que oímos y también por la forma como vivimos y que llamamos cultura. El otro apego es a las personas y seres que nos cuidan o nos han cuidado, que nos dan y reciben afecto, que nos enseñan, toleran y educan. Esa organización social es la que denominamos familia y que puede ser tan pequeña o tan grande como queramos.

En la reciente fiebre futbolera pude percatarme que, en muchas de las entrevistas a las estrellas del balompié, estos auguraban el éxito en la expresión: “es que en este equipo somos una familia”. Son tan entrañables la noción de patria y de familia que se convierten en los asuntos de mayor aprovechamiento político imprimiéndoles elementos ideológicos para generar reacciones calculadas en la población. Los políticos y sus asesores de mercadeo lo saben y cada que tienen problemas con su imagen o con su interés, apelan a distorsionar los temas de familia y de patria. Millones de seres han sido exterminados por guerras producidas por intereses de pocos defendidos por muchos arropados en una bandera símbolo de un supuesto interés patriótico. Con la familia sucede lo mismo. En una nación mayoritariamente católica y cristiana, apelan a la ignorancia religiosa de los fieles para el engaño sobre la familia, distorsionando la cultura democrática que implica decisión por mayorías, con respeto a las creencias de las minorías, y sin estar sujeta a la tiranía de ninguna.

Si usted quiere aceptar la invitación del presidente Duque a las iglesias, permítame sugerirle leer el capítulo 10 del evangelio según San Mateo y contrastarlo con el modelo de virtudes de la familia sagrada, consistente en la castidad de José, la paciencia de María y la santidad del Jesús de Mateo, como un insumo más para hablar de familia cristiana sabiendo que debemos acatar la condición de Estado laico.

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