martes 22 de noviembre de 2022 - 12:00 AM

El dolor reina en el mundo

Hace más de treinta años le oí decir a un amigo que nada causaba más dolor que un desprecio. Para entonces no había evidencia científica que demostrara la relación entre las emociones y el dolor físico. Aún para hoy no están completamente entendidos los mecanismos del dolor, pero nadie discute la asociación entre dolor físico y dolor emocional. Cuando el individuo responde a un estímulo doloroso como el de un pellizco, o a un dolor sicológico como el provocado por un rechazo social, áreas del cerebro como la ínsula, el tálamo y la corteza cingulada registran actividad similar.

Se conoce también, que poseemos un lugar llamado “pallidum ventral” donde se liberan dos sustancias: gaba y glutamato. La primera se asocia con la recompensa y la otra con el miedo y el dolor. Sus desequilibrios químicos inciden en nuestra motivación para buscar el placer y evitar el dolor. Un ejemplo de ello se manifiesta en los enfermos depresivos y la asociación con dolor crónico, pues tal desequilibrio “puede aumentar la sensibilidad a las amenazas potenciales e inducir al individuo a retirarse al tiempo haciéndolo propenso al dolor, al tiempo que sofoca la alegría de la recompensa”.

La relación entre dolor físico y dolor emocional es aun más compleja que lo comentado hasta aquí, pero un hecho real es que un analgésico como el acetaminofén es eficaz en ambas situaciones y su efecto se ve potenciado cuando se asocia con sentimientos y pensamientos de perdón cuando sea el caso.

El dolor crónico es uno de los males de la época y los analgésicos opioides han traído mas daño que beneficio. Las terapias integrales con medicamentos, sicoterapia y pensamientos positivos son en la actualidad la mejor recomendación. Investigaciones recientes añadirán probablemente la terapia génica al arsenal terapéutico mediante la neutralización de un gen llamado SCN9A.

Por ahora lo mejor es perdonar al o a lo que nos haga daño, gerenciar nuestras emociones y si nuestros médicos lo aconsejan, bienvenidos los analgésicos. Ojalá nunca opioides.

Vale la pena citar a Pedro Calderón de la Barca: “Una pena imaginada es más que acontecida”.

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Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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