jueves 30 de noviembre de 2023 - 12:00 AM

Jaime Calderón Herrera

El fanatismo: relación de un solo lado

Todos conocemos a alguien que parece tener una relación con una celebridad, es decir, con un personaje de serie o incluso con un “influencer” en las redes sociales. Aunque es un fenómeno bastante común y se conoce como relaciones parasociales, me ha sido difícil comprenderlo tal vez porque carezco del proceso sicológico necesario para desarrollar tales apegos. Son amistades de un solo lado: tú conoces todo sobre la otra persona, pero ella no tiene idea de quién eres.

Estas falsas relaciones se pueden construir prácticamente con cualquier personaje, pero está claro que dependen de su presencia en pantalla o en redes. También es cierto que obedecen a un proceso mental y social que comparten multitudes con demasiados ídolos y que son amados con un apego que no corresponde a una relación recíproca sino por el contrario, ignorada por el personaje admirado.

Los artistas, los deportistas, los líderes religiosos y políticos son en general el objeto de una admiración desbordada y convertida en fanatismo mediante la construcción de la relación parasocial que no está exenta de riesgos. Ante la desaparición del personaje amado, el duelo puede ser imposible de superar, o ante una supuesta “traición”, el paso al odio puede llevarlo a situaciones extremas.

La creación de este tipo de relaciones surge muchas veces como resultado de un buen trabajo de “marketing”, abriendo la puerta para que de manera similar se actúe para generar una reacción adversa e incluso generando odio hacia alguien; práctica que se aplica con éxito y con frecuencia en la política. El amor y el odio son sentimientos contrarios con linderos confusos y frágiles. O como lo dijo don Pedro Calderón de la Barca: “cuando el amor no es locura, no es amor”.

El fanatismo puede ser visto como una debilidad de la mente humana, igual que las ideologías o los sesgos cognitivos. O tal vez, solo sea el producto de una característica de la mente infantil o adolescente.

Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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