martes 01 de diciembre de 2009 - 10:00 AM

El modelo de salud colombiano no es viable

Juan Luis Londoño,  muerto trágicamente en ejercicio  de su ministerio, coherente con las políticas económicas impuestas al mundo por los años noventa, trajo a nuestro medio la reforma sustentada en el aseguramiento que produciría, como en efecto sucedió, el marchitamiento de la red pública y la muerte del  Instituto de la Seguridad Social. La pareja  acompañante fue la de los Fondos privados de pensión.

Los dirigentes y el pueblo acogieron  la propuesta con entusiasmo, pues prometía ríos de leche y miel. Y a decir verdad, el  fervor por el aseguramiento  permitió fácilmente que trabajadores y empresarios, y ahora independientes, aportaran más dinero al sistema, el cual hoy cuenta con cinco veces más recursos que  antes de la ley 100.

Tanto la corrupción y la politiquería,  como los excesos sindicales y la pereza laboral, contribuyeron a desacreditar el anterior  modelo mixto, donde aportaban Estado, empresarios y trabajadores.

El aseguramiento abrió la salud a los negocios y aumentó tanto la infraestructura como el acceso de gente pobre a la alta tecnología,  que inundó los centros de atención. Sin embargo, la mayor oferta para atender la mayor demanda en un modelo sustentado en  la atención de las enfermedades, no redundó en mejores índices de salud para los colombianos, pero sí pauperizó a la mayoría de los trabajadores de la salud, y lo más grave, deshumanizó  la atención  aboliendo  la relación medico paciente.

La ley antitabaco producirá, si se cumple, mejores resultados  que la mayoría de los procesos de curación en curso.

El problema es trasnacional. Una reciente encuesta en ocho países de Latinoamérica revela que solo el 17% cree que la atención es buena, el 9% percibe que la atención  tiene el nivel que debe tener y el 14% cree que la atención es eficaz con respecto al costo. El 53% declara carencia de trasparencia en precios y costos; 45% afirma la existencia de demasiadas aseguradoras con sus propias reglas.

El estado, que es tramposo, congela más de cinco billones del Fosyga para financiar el déficit y ante el colapso, declara la emergencia social y con ella nuevos impuestos. Paños tibios que no  resuelven la crisis estructural.

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