martes 18 de junio de 2019 - 12:00 AM

En los albores de una nueva medicina

no se investiga sobre las verdaderas necesidades humanas y que al menos un 60% de la literatura científica médica es defectuosa

No podemos esperar resultados diferentes haciendo lo mismo, afirmó Einstein. En todo el mundo, independiente del modelo de atención en salud, hay insatisfacción de los usuarios, frustración y desgaste profesional en el talento humano que presta los servicios y una inmensa preocupación por la pendiente alcista en los costos y en la demanda de servicios que hace insostenible la prestación como hoy la conocemos. Además, la medicina científica ha sido cuestionada en cuanto a la evidencia con la que sustentamos los médicos nuestras decisiones. Me explico, usamos los resultados de las investigaciones con método científico, que se hacen sobre un grupo controlado de personas, es decir, solo en quienes cumplan los requisitos que el diseño del estudio define pueden ingresar al mismo, o sea que algunos no ingresan por restricciones de inclusión y otros salen por criterios de exclusión. Se asigna un examen u otro, un tratamiento u otro y se aplican pruebas estadísticas para mitigar los sesgos que pueden ser de diseño, de conflictos de interés o estadísticos. Al final un grupo pequeño de seres humanos está bajo el escrutinio del estudio y sus resultados, en la vida real, están disponibles para los siete mil millones de habitantes. Lo que aplica a unos pocos cientos o miles de personas en condiciones artificiales, con resultados generalmente en números relativos sin referencia a los absolutos, es el sustento para diagnosticar y tratar. Expertos como Ionnanides afirman que no se investiga sobre las verdaderas necesidades humanas y que al menos un 60% de la literatura científica médica es defectuosa; recientemente Shansky de Boston denuncia la poca participación femenina en muchos de los estudios, aplicando los resultados obtenidos en una mayoría masculina a todas las mujeres cuya biología, en especial su sistema inmunitario, actúa de manera diferente al de los hombres ante distintas condiciones de salud. La evidencia de lo que pasa en el mundo real mediante el análisis de Bigdata, la personalización por la secuenciación del genoma y el respeto por los valores y preferencias de los pacientes cambiará radicalmente la medicina del próximo futuro hacia menor incertidumbre y más individualización.

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