martes 14 de septiembre de 2021 - 12:00 AM

Entre dos tiempos

Llamé entonces a un amigo, amante tanto del fútbol como de la música, y le dije: negrito, ¿me donarías algunos pocos acetatos para estrenar mi nuevo tornamesa?
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Hace ya un par de años me interesó una libreta de notas con hojas de papel con puntos preimpresos, sobre las cuales se escribe con un lapicero con lector infrarrojo, que, mediante tecnología bluetooth, se sincroniza con un computador o con un teléfono inteligente, y luego podemos editar el texto y pasar el manuscrito a un formato digital. Pues bien, dicha libreta de notas te ofrece la agenda del pasado con sus ventajas, insertada en el mundo digital con las propias, mediante una publicidad que rezaba: “lo mejor de dos mundos”. Dicho lo anterior, paso a contarles que hace un par de días entré a una librería de la ciudad a comprar el último libro de Alejandro Gaviria, titulado “En defensa del humanismo” y una vez adquirido, me dejé seducir por la sección de tecnología donde me crucé con una oferta similar a la de la libreta de apuntes, pues me ofrecía, esta vez, en materia de sonido, escuchar música desde cualquier plataforma digital, música masterizada, pero también tenía la oportunidad de reproducir de manera analógica discos de vinilo, mejor conocidos entre nosotros como acetatos. De nuevo, lo mejor de ayer y lo mejor de hoy. Recordé que alguien me había comentado que los vinilos bien cuidados son eternos, mientras que la música almacenada en cintas magnéticas, o en CD se pierde facilmente, pues la vida media de ellos está alrededor de 10 años. Tomé el dispositivo y le apliqué la tarjeta de crédito. Había un problema: no tenía acetatos. Llamé entonces a un amigo, amante tanto del fútbol como de la música, y le dije: negrito, ¿me donarías algunos pocos acetatos para estrenar mi nuevo tornamesa? Con su voz ronca me respondió ¿Cuándo pasas por unos? voy a escogerte variaditos. A la semana siguiente los recogí, le di un abrazo de gratitud y ahora disfruto cuidándolos, oyendo melodías que me recuerdan a mis padres y a mis afectos del pasado. Ya hice la primera reunión con algunos amigos para escuchar unos vinilos y compartir unos pocos vinillos. Volver a sentir la amistad del “negro Villamizar” fue la mayor satisfacción de esta compra.

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Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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