martes 17 de diciembre de 2019 - 12:00 AM

Falsa inocencia de Hacienda y verdades en la JEP

Somos lo que hemos construido o permitido en doscientos años. No obstante, hay motivos de esperanza: el despertar de la juventud y la seriedad de las instituciones creadas por el acuerdo de paz.
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Perdimos la capacidad de asombrarnos como consecuencia de los horrores de la guerra inmarcesible, de la indolencia de los encargados de manejar las instituciones del Estado y del engaño por parte de quienes hacen las leyes. Por supuesto que hay y ha habido excepciones, pero el balance está a favor de la iniquidad.

Académicos y políticos han advertido de la inconveniencia de los regalos tributarios a los empresarios que pagará la clase media, que para algunos llega a 9 billones, pero para otros a 14 billones, y en medio del debate, el Fiscal advierte al recaudador de impuestos sobre “un articulito” que permite limpiar los activos no declarados del narcotráfico y de la corrupción. El ministro Carrasquilla, responsable técnico y político de la reforma, no pone la cara, y uno de sus jóvenes viceministros anuncia que nunca pretendieron tal consecuencia y que van a tomar en cuenta las advertencias del Fiscal. Tanta “inocencia”, o más bien negligencia, para no pensar en perversión, en una sociedad seria, debería cobrar los cargos de Ministro y Viceministro, pero no, pues estamos en la Colombia paraíso de la impunidad, y como siempre se ha dicho como frase inmovilizadora: ¡aquí no pasa nada!

De otro lado, la búsqueda de la verdad del conflicto, saboteada por el partido de Gobierno mediante las campañas de desprestigio a la Justicia Especial para la Paz (JEP), ataques legislativos para amarrarla y medidas del Ejecutivo para asfixiarla económicamente, se mantiene a flote, y en colaboración con Medicina Legal, quita el velo a otro episodio macabro de los falsos positivos, mediante la colaboración de militares de diferentes rangos que en el marco de justicia restaurativa ofrecen verdad a cambio de penas alternativas.

Somos hoy lo que la avaricia de empresarios, la connivencia de políticos y gobernantes con la corrupción, la sumisión de todos a los intereses corporativos transnacionales, la democracia precaria incapaz de hacer valer los derechos produce, es decir, somos lo que hemos construido o permitido en doscientos años. No obstante, hay motivos de esperanza: el despertar de la juventud y la seriedad de las instituciones creadas por el acuerdo de paz.

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