martes 03 de febrero de 2009 - 10:00 AM

¡Que coraje!

Desde muy joven aprendí  a valorar a las personas, especialmente a aquellas con coraje y tenacidad, virtudes inherentes a los luchadores. Por tal motivo acogí aquella máxima que dice que aquellos que luchan un día son de valor, los que luchan por años son importantes, pero aquellos que luchan toda su vida, son indispensables.

El coraje es una virtud del luchador, generalmente quien posee tal cualidad,  lo anima en su batallar un propósito noble y altruista que le permite vencer el miedo  sin caer en la temeridad.  Las personas corajudas  saben asimilar derrotas  sin desanimarse, saben cuidarse de los peligros pero si fuese necesario los afrontan.

La  tenacidad, es la que permite que las demás cualidades se desarrollen, por eso Nietzsche afirmó que no es la fuerza, sino la perseverancia de los altos sentimientos la que hace a los hombres superiores.

Los momentos de la historia de un pueblo en confrontación bélica ponen en evidencia a toda clase de seres humanos.  Ante el peligro, la guerra y la muerte se asoman héroes por miedo y héroes por valor. A la cita del conflicto acuden y se develan los ambiciosos y los miserables. Las peores características de degradación humana aparecen en el conflicto, siempre en mayor número, siempre con mayor aceptación que las que tienen aquellos seres especiales que luchan por un noble propósito.  Éstos últimos, por fortuna,  también son una constante en la historia.

Nuestra cotidianidad, con su ya larga presencia de secuestros, desapariciones, asesinatos y guerra, nos ha permitido ver el desfile ante nuestros ojos de todo tipo de personajes. Los últimos años he podido ver la dimensión del luchador de todas las batallas, de aquél que se levanta con dignidad ante cada ataque artero, el que desafía  el peligro siempre que sea necesario.  El luchador animado por la vida y la dignidad de los demás.

Ese luchador es mujer, es incomprendida, es vilipendiada, es vituperada, pero es  la colombiana de mayor mérito en los  últimos lustros. Es Piedad Córdoba.  No sé si llegará a ser presidente de los colombianos, pero es muy probable que los latinoamericanos la quieran para dirigir la OEA, desde donde podrá seguir trabajando por una mejor vida para  los habitantes de este continente.

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