martes 21 de octubre de 2008 - 10:00 AM

¿Qué se hicieron?

Me pregunto dónde están los millones  de colombianos que marcharon contra el secuestro de  cerca de mil compatriotas en poder de las Farc, pues pareciera que la liberación, por fortuna,  de unos pocos, les hubiera  dado tranquilidad de conciencia.

Las manifestaciones esporádicas  son presa del olvido y poco o nada efectivas; la persistencia, la tenacidad, la constancia  son las herramientas apropiadas para crear soluciones. Al menos mil compatriotas permanecen secuestrados en condiciones infames  y la sociedad mira para otro lado, como si no fuera asunto suyo.  

El caminante profesor Moncayo, recibido alguna vez con grandes manifestaciones de solidaridad y aprecio, hoy es ignorado, aunque él continúe  reclamando justicia.

Entretanto, las víctimas del paramilitarismo ven alejadas sus esperanzas de justicia y reparación. Las mafias se reorganizan y actúan. Ajustan sus matanzas y asesinan a familiares de extraditados para obligarlos al silencio, como registra el hecho del  reciente asesinato  del hijo del 'Cuco Vanoy'.

La impunidad se enseñorea y presuntos delincuentes como el ex director del DAS, gozan de libertad por cuenta de tecnicismos jurídicos. Varios hermanos de condenados  o de implicados en graves crímenes, permanecen en posiciones con grande y grave influencia en asuntos  de  importancia en el gobierno.

El senador Ciro Ramírez, es hoy llamado a juicio por concierto para delinquir (paramilitarismo) y por narcotráfico. Parte del roscograma de la coalición de gobierno, incluye las cuotas del INPEC, desde la dirección del mismo hasta otras muchas posiciones, para recomendados del cuestionado congresista, y el hermano Valencia Cossio, actúa con lentitud complaciente en la corrección de tal despropósito.

La cohesión social,  especialmente entre los trabajadores,  ha sido despedazada por cuenta de la política oficial de flexibilidad laboral y criminalización de la protesta. Manifestaciones reivindicativas como las de Asonal, los aborígenes, los empleados estatales, los corteros de caña y otras, seguirán siendo reprimidas y desprestigiadas mediante campañas mediáticas bien planeadas, desestimulando la expresión masiva  de nuestro colectivo. Solo las movilizaciones promovidas por el gobierno y amplificadas por los oligopolios  mediáticos son consentidas.

El despertar de la nación es un imperativo para exigir justicia. Los efectos de la burundanga oficial están por terminar.

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