martes 13 de abril de 2010 - 10:00 AM

¿Se cayó?

Los medios han anunciado que la Corte Constitucional  hoy declarará, muy probablemente, la inconstitucionalidad de la declaratoria de Emergencia Social(ES), por medio de la cual el gobierno decretó unas medidas conducentes a apagar un incendio en las finanzas de la salud, y de manera abusiva, intenta introducir  unas reformas al sistema que recortan servicios a la población, criminaliza el ejercicio médico y da mayores garantías a los intermediarios.

Si como es previsible, la ES se cae, debe iniciarse un proceso  de reforma que debe contar  con la participación más amplia posible,  de usuarios, expertos, profesionales de la salud, y por supuesto, del Congreso de la República y funcionarios del gobierno. En el mundo hay diferentes sistemas con niveles del gasto referidos al Producto Interno Bruto (PIB). Estados Unidos gasta 15.3% del PIB, Francia el 11%, Japón el 8%, Colombia el 7.3%. En cualquier sistema, el gasto se ve afectado por tres factores: la prevención o no de la enfermedad, las relaciones entre aseguradores, médicos y enfermos,  y la presencia o no de control sobre el precio de los medicamentos.

Suecia y el Reino Unido se caracterizan por la gratuidad y la financiación estatal; Alemania, Francia y Japón combinan la oferta pública con la privada y el pago de la atención mutualizado. Hasta la reforma Obama, los Estados Unidos cuentan  con un sistema fundamentalmente privado. Colombia introdujo un sistema mixto de predominio privado, pero que el gobierno Uribe  con la liquidación del Instituto de los Seguros Sociales y la tercerización de la Red pública, trasformó en un sistema fundamentalmente privado.

Uno de los problemas a resolver es la financiación, la cual es hoy insuficiente, pues se sustenta en el aporte del llamado contributivo, es decir, con los aportes del empleo formal, el cual está sacrificado por una política económica que subsidia al capital en detrimento del trabajo y estimula la informalidad de la economía.  Allí la discusión es de gran calado, pues involucra  nada menos que la política económica uribista.

El debate debería comenzar por ponernos de acuerdo en dos principios: el primero propuesto por Amartya Sen: 'Todos debiéramos admitir que injusticias tales como la falta de atención médica, o la ausencia de medicamentos, pueden eliminarse, sin esperar a ponernos de acuerdo sobre la visión de Sociedad que pensamos hay que promover'. El Segundo,   es el de que  cada cual debe financiar el sistema  en función de sus ingresos y no en función de su estado de salud, pero debe ser atendido  en función de su condición de salud y no por su condición económica.

Cualquier intento improvisador en la reforma a la salud debe merecer el rechazo de todos los colombianos. Aspiro a que Antanas Mockus y su coalición de gobierno, lideren una gran reforma democrática a la seguridad social.

 

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