martes 16 de febrero de 2021 - 12:00 AM

La luz que oscurece

Ver y oír los pájaros, degustar los colores de un arco iris o los matices de verdes de un bosque, admirar las flores, mirar al cielo son solo algunas cosas que debiéramos estar haciendo...
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Gracias a la planta eléctrica instalada en Chitota, los bumangueses en 1891 vieron sus calles iluminadas. Desde entonces disfrutamos las comodidades de la energía eléctrica pagando un precio: nos apartamos del mundo inspirador que brinda la noche oscura. Adaptándonos a esa realidad, vemos el mundo desde las pantallas, y lentamente lo artificial tomó el lugar de lo natural. Vamos a las montañas para gozar de la vista de una ciudad iluminada, ignorando de manera insensata la iluminación del infinito. La tecnología nos empuja hacia un mundo alejado de nuestra esencia: la naturaleza. Hemos llegado, por cuenta de aquella, a grandes cosas, pero también a destruir nuestro planeta. Talando los bosques eliminamos vida natural en equilibrio y logramos disminuir el número de aves en el planeta, a tal punto que dos terceras partes de ellas son pollos criados industrialmente para consumo humano. Nuestra dieta demanda peces, desencadenando un desequilibrio en los mares y afectando de manera grave su biodiversidad, sus ecosistemas y la población de ellos. La demanda de mamíferos para nuestro alimento condujo a estresar la oferta, lo que, a su vez, incentivó a invadir al mundo salvaje, y exponernos a microbios que nuestra inmunidad desconoce. Qué no decir de una vida planetaria dependiente de fuentes de energía insostenibles. El peligro es muy real pero difícil de comprender, pues, al fin y al cabo, no vivimos como pensamos, sino que, pensamos como vivimos. Por tal razón, es que el cambio de nuestra mente pasa por hacer un contacto consciente con la naturaleza, para comprender qué hemos perdido y hacia dónde vamos. Ver y oír los pájaros, degustar los colores de un arco iris o los matices de verdes de un bosque, admirar las flores, las plantas y su variedad, mirar al cielo y reflexionar sobre la inmensidad y sobre la pequeñez de nuestros destinos son solo algunas cosas que debiéramos estar haciendo.

Las generaciones de los dos últimos siglos dieron un salto enorme hacia adelante, pero acercándonos al vacío. La presente y futuras sabrán equilibrar y hacer sostenible la vida en la tierra.

Autor
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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