martes 27 de junio de 2023 - 12:00 AM

Jaime Calderón Herrera

La tragedia de los comunes

Todos tomamos decisiones de forma permanente, decisiones que afectan nuestras vidas y en la mayoría de los casos las de otros. El problema está en que nuestras decisiones se construyen casi siempre como fruto de nuestros sesgos cognitivos, nuestros prejuicios, nuestro mapa mental, nuestra intuición y por vía de los atajos mentales, lo cual conduce a que, en ausencia de una validación reflexiva, decidamos con un alto grado de equivocación.

Hay personas que, por su posición en una empresa, en una comunidad religiosa, en un equipo deportivo, o en una sociedad que habita un municipio, un departamento, un país, o este planeta, tienen que tomar decisiones que afectan la vida de muchas personas. Esas personas son los gerentes, los Papas, los gobernantes, entre muchos otros liderazgos.

De todos ellos esperamos muchos aciertos y pocas equivocaciones, máxime cuando se trate de gobernantes, cuyo único objetivo debe ser el buscar el bienestar del colectivo. Para lograrlo se requiere de la combinación de un voto inteligente que privilegie ciertas capacidades del líder, tales como habilidades analíticas, creativas, prácticas y sabiduría, sobre el engaño fruto de una emoción despertada mediante la seducción, la mentira, el fraude, el timo o la argucia.

Quienes toman decisiones deben saber reconocer los intereses generalmente conflictivos ante cualquier situación dada, saber que hay razones religiosas, ideológicas o políticas que apoyan o se oponen a una u otra estrategia, y por lo tanto la capacidad de persuadir y concertar se hace indispensable.

La metáfora de una sociedad que explota en demasía los recursos escasos de todos, bajo la motivación del interés individual, es conocida como “la tragedia de los comunes”, y refleja la obsesión que hoy por el éxito individual no nos permite ver el inmenso daño que le causamos al bienestar colectivo.

Quien sepa equilibrar los intereses dispares del colectivo social en búsqueda del bien común, con estrategias de corto y largo plazo, infundiendo valores éticos positivos, es quien merece liderar, conducir, gobernar y administrar.

Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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