martes 14 de abril de 2009 - 10:00 AM

Las crisis las resuelven los jóvenes

La base para que una nación se desarrolle y progrese, está en la capacidad que tenga para educar con calidad a sus ciudadanos y al mismo tiempo generar conocimientos que le permitan innovar y hacer desarrollo tecnológico.

En Colombia la Constitución reconoce a la educación como un derecho a la persona, pero también la concibe como un servicio público que cumple una función social.

No se puede desconocer que ha habido avances en términos de cobertura, pero también ha sido motivo de permanente controversia la calidad de la educación impartida y motivo de especial preocupación, la deserción estudiantil.

En materia de Instituciones de Educación Superior, se percibe cierta dispersión, en tanto que contamos con alrededor de 300 de ellas, entre instituciones técnicas profesionales, tecnológicas, universitarias y alrededor de 77 universidades, que ofrecen casi doce mil programas, muchos de ellos con pocos estudiantes y escasa pertinencia, pero que tampoco obedecen a una política de internacionalización, dado que no existen acciones concretas para facilitar la movilidad de profesionales orientada a la exportación de servicios y menos una acción dirigida a preparar colombianos para la tan publicitada inversión extranjera.

Existe un gran desequilibrio entre el número de profesionales que se forman y la preparación de técnicos y tecnólogos, pero también con el número de programas de maestría, doctorados y post-doctorados. Es como si construyéramos una casa de tres pisos, con terminados para el segundo piso y solo preliminares para el primero y el tercero y para colmo, sin escaleras que permitan la comunicación entre ellos.

Estamos en recesión económica mundial y pronto la crisis se hará evidente en nuestro territorio, con grave afectación al empleo. La manera de afrontarla es entender el futuro, cuando la sociedad del conocimiento se acentuará tanto como el comercio internacional. Por tanto, el Estado colombiano debe apuntarle a estimular la formación técnica en los institutos y la formación doctoral en las universidades, e incrementar la financiación estatal de la universidad pública.

Nuestro gran capital está constituido por el 5% de nuestra población con título profesional, el millón y medio de estudiantes universitarios y los millones de jóvenes en educación primaria y media.

Las crisis las resuelven los jóvenes, los mayores tenemos la obligación de brindarles las oportunidades de una educación de excelencia. 

 

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