martes 16 de abril de 2019 - 12:00 AM

Lavatorio

Es primordial educar a todos en el lavado de las manos (sin productos especiales), que desde otro punto de vista, reducirá la necesidad de prescribir antibióticos.
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Por estos tiempos de Semana Santa debería referirme al acto de humildad registrado en los evangelios, según el cual Jesús lavó los pies de sus discípulos, y que se conmemora mediante el lavatorio de pies, que les hacen los jerarcas de la iglesia a algunos voluntarios, considerados como “pobres”. Los anglicanos, ingleses y prácticos, hace ya algún tiempo modificaron la liturgia cambiándola por la repartición de limosnas.

Pero lo que me ocupa hoy es algo que los médicos consideramos vital para la salud y para el control de las infecciones, como es el lavado de las manos.

Bloomfield, una descatada profesora de London School of Higyene and Tropical Medicine, publicó recientemente un comentario acerca de la interpretación equivocada de la afirmación de que la mayor frecuencia de alergias estaría asociada a una menor exposición de los niños a las infecciones.

Sabemos que los microbios que cohabitan con nosotros son frecuentemente responsables de nuestra salud y nuestra enfermedad, y que durante la evolución, han sido ellos los que han jugado un papel esencial en la regulación de nuestro sistema inmune y que este no reaccione en forma dañina ante la exposición al polen, a algunos alimentos, o a nuestros propios tejidos. Sabemos también que la menor exposición a ambientes naturales, el menor ayuno, menor lactancia materna, las familias pequeñas y las cesáreas, reducen nuestro contacto con “microbios amigables”, lo cual acentuamos con dietas y antibióticos que alteran nuestro “microbioma”.

Exagerar y extrapolar estos hechos es equivocado, y si bien podemos ser más laxos en el contacto de objetos recogidos del suelo y llevados a la boca de los niños, además de alentarlos a que jueguen más en contacto con la naturaleza, es primordial educar a todos en el lavado de las manos (sin productos especiales), que desde otro punto de vista, reducirá la necesidad de prescribir antibióticos.

El lavado de manos inaceptable es el de Pilatos, y el de los gobiernos que lo hacen con los anteriores, en lugar de afrontar sus responsabilidades, por difíciles que resulten.

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