martes 29 de octubre de 2019 - 12:00 AM

Los bumangueses y otros de la mano de la esperanza

Estamos a las puertas de una gran transformación de la sociedad global, con retos, riesgos y oportunidades. Que no nos coja en las cavernas. Confío en los liderazgos jóvenes.
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Decidimos nuestro voto como decidimos qué comprar y a quién admirar o aclamar: depende de cómo pensamos acerca del mundo que nos rodea. Y nuestros pensamientos están basados en nuestras creencias, las cuales han sido adquiridas a través de los testimonios y enseñanzas por parte de personas en las cuales confiamos y que influyen a lo largo de nuestras vidas, en los ambientes hogareños, de enseñanza, laborales y de esparcimiento.

Nuestras creencias no necesariamente están respaldadas en verdades, de hecho, es más fácil creer una mentira que una verdad. Un entorno democrático requiere de trasparencia en todos los actos de la sociedad, de tal manera que haya supervisión pública y como consecuencia, los actos de gobierno y las relaciones de poder generen confianza. Estamos lejos de esos ideales democráticos y más cerca de una visión mágica y feudal del mundo, pero resulta muy alentador ver expresiones sociales reflejadas en la elección de figuras que representan liderazgos laicos, contemporáneos y democráticos.

Duele, sin embargo, que lo arcaico, enquistado y alimentado por la corrupción de los pequeños favores, del clientelismo, de la compra de apoyos, y en ciertos casos de los dineros de las mafias dispuestas a mantener control territorial que aseguren sus actividades ilícitas, logre tanto apoyo en las elecciones colombianas. En Colombia la lucha ideológica le ha dado paso al disfraz ideológico. Como nunca antes, partidos de todos los colores se agolparon alrededor de algún candidato que pudiera defender algunos intereses personales de poder y de dinero. El engaño, la promesa irrealizable, la venta de ilusiones y la esperanza incierta continúa siendo la norma después de ayer. Bucaramanga, Bogotá, Cúcuta y Cartagena entre otros, son hechos electorales alentadores, pero frágiles, si no logran transformarlos en un movimiento con sustancia ideológica, con forma política y con construcción de confianza.

Lo perverso no duerme en el afán de apagar las luces de la esperanza. Estamos a las puertas de una gran transformación de la sociedad global, con retos, riesgos y oportunidades. Que no nos coja en las cavernas. Confío en los liderazgos jóvenes.

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