martes 29 de septiembre de 2020 - 12:00 AM

Mejor buenos sueños que pesadillas

Sé que el confinamiento, el distanciamiento y el miedo ha trastornado el sueño de muchos. Unos pocos dormimos más tiempo ahora, otros tienen más pesadillas o duermen menos...
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Es costumbre que cuando un colombiano obtiene una meta, suela recordarnos que “no hay que renunciar a los sueños”. Alguien, con intención de engaño mencionó que, en Colombia, solo se requiere de esfuerzo y constancia para lograr lo que nos propongamos. Tal afirmación me trajo a la memoria el libro titulado: Por qué fracasan las Naciones, en el cual los autores nos hacen ver la importancia de la madurez y transparencia de las instituciones, lo mismo que la disponibilidad de talento humano con educación de calidad, para que florezca la innovación, el progreso, el desarrollo y el éxito de individuos y sociedad.

Nuestras inmaduras instituciones, carcomidas por la corrupción, hacen causa común con el deterioro de la calidad de la educación, que muchos justifican como un mal necesario para lograr una cobertura mayor. Lo cierto es que la calidad está reservada para élites seleccionadas por su capacidad de pago, salvo excepciones.

A nuestros males crónicos vino a sumarse con carácter de endemia, es decir, permanencia en el tiempo, la hoy denominada sindemia, que añade el componente de afectación socioeconómico al de salud. Es poco lo que la ciencia nos ha aportado hasta hoy en la solución, lo cual es explicable, pues ésta requiere de tiempos largos, esfuerzo, fracasos, comprobaciones y constancia para encontrar soluciones. Entre tanto, la manipulación, las mentiras y los mitos proliferan. Somos una sociedad acostumbrada a las dificultades, lo cual me da optimismo. Sé que el confinamiento, el distanciamiento y el miedo ha trastornado el sueño de muchos. Unos pocos dormimos más tiempo ahora, otros tienen más pesadillas o duermen menos, en todo caso el trastorno del sueño se ha incrementado. Pero también se han complicado las expectativas de lograr los “sueños”.

Destruir el equilibrio de poderes, minar las instituciones, hacer trizas los acuerdos de paz, alentar la polarización, implementar políticas de represión, violar los páramos, decir una cosa y hacer lo contrario, todo eso hace posible el sueño de tiranos, indolentes y sociópatas, aumentando la pesadilla de los ciudadanos, a quienes solo nos queda soñar con un pronto cambio.

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