martes 04 de mayo de 2021 - 12:00 AM

Miedos, incompetencia e indolencia

La reforma tributaria de Uribe y Carrasquilla ignoró la asesoría de los expertos y las necesidades en tiempos de pandemia, fue el puntillazo final a la confianza de la sociedad en sus instituciones y en su gobierno.
Escuchar este artículo

Tenemos miedo y creo que Duque también. Me lo imagino recitando a Neruda: “Tiene mi corazón un llanto de princesa olvidada en el fondo de un palacio desierto/tengo miedo. Y me siento tan cansado y pequeño/ Que reflejo la tarde sin meditar en ella”.

Las personas tenemos la propensión a ascender hasta el nivel de incompetencia. Lo anterior se conoce como el principio de Peter. De manera trágica nos tocó sufrir, que un asesor cultural del Banco Interamericano de Desarrollo, gracias a un buscador de ventrílocuos, fuera presidente. Y es que dicho narcisista sabe muy bien de la política de manipulación, pero tiene un desinterés absoluto por la suerte de la mayoría de los ciudadanos. Somos una nación vulnerable y enfermizamente esperanzada. Por décadas se ha minado la confianza en las instituciones hasta el extremo al que ha llegado el incompetente haciendo el mandado, desprestigiándolas a todas, arrodillándolas al ejecutivo. Fiscalía, Procuraduría, Defensoría del Pueblo, Contraloría, Banco de la República, todas ellas al servicio del presidente, aboliendo sus autonomías y eliminando los contrapesos, esencia de la democracia. Las fuerzas policiales y las fuerzas militares han socavado la confianza de la ciudadanía, en la medida que solo escuchan las voces de sectores indolentes que reclaman la protección de sus bienes y son ineficaces en la protección de los derechos de la población. Las medidas económicas y fiscales se alinean al pie de la letra con el criterio de subsidiar a grandes corporaciones nacionales e internacionales mirando con ojo miope solo la creación de un empleo de baja calidad con la ilusión de que “las moronas que caen del mantel de los opulentos y las gotas derramadas de sus copas de cristal”, sean suficientes para calmar el hambre y la sed de la mitad de los colombianos atrapados en la pobreza, mientras la otra mitad hace esfuerzos por sostenerse. El desperdicio abunda tanto como la indolencia. La reforma tributaria de Uribe y Carrasquilla ignoró la asesoría de los expertos y las necesidades en tiempos de pandemia, fue el puntillazo final a la confianza de la sociedad en sus instituciones y en su gobierno. Nos costará mucho rehacerla.

Autor
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
Otras columnas
Publicidad
Publicidad
Publicidad