martes 09 de mayo de 2023 - 12:00 AM

Jaime Calderón Herrera

Migrantes y emigrantes

El Área metropolitana de Bucaramanga aloja alrededor de 70 mil venezolanos de los más de seis millones que han emigrado en búsqueda de oportunidades a lo largo y ancho del continente, generando grandes tensiones sociales con expresiones cada vez más numerosas de xenofobia, en la medida que, como sociedad empobrecida, solo recibimos ayuda internacional por un valor que apenas cubre el 10 % de los costos que debemos aportar para atender sus necesidades. La presencia de organizaciones criminales que gravitan alrededor del narcotráfico ha encontrado en la población vulnerable, tanto de colombianos como de migrantes, un ejército de delincuentes que consumen y trafican estupefacientes, extendiendo sus tentáculos a todas las demás actividades ilegales.

Según datos de Bucaramanga Cómo Vamos, los delitos registrados en la ciudad y atribuidos a venezolanos es del 5 %, cifra que debe ser considerada cuando se trate de encontrar la solución a la inseguridad que se percibe salida de madre.

De otro lado, la emigración de residentes en Bucaramanga entre 18 y 40 años hacia Norteamérica y otros continentes- tanto por la vía legal como por “el hueco”- continúa en aumento y proviene de todas las condiciones sociales y económicas, minando la fuerza de trabajo y la competitividad de la ciudad. Buen número de migrantes han llenado ese espacio laboral y de emprendimiento. Cada vez somos más una sociedad de jóvenes estudiantes de paso y viejitos nostálgicos, enlistando los problemas de una capital y un departamento, que se acerca la llamada Colombia profunda, aislada, olvidada por décadas del poder y sus recursos, y con una ciudadanía confundida, refugiada en sus celdas habitacionales a merced del “phonosapiens” y víctima de causas globales con impacto en nuestras localidades, pero reacia a aceptar que hay que desincentivar el consumo en la parte superior de las naciones ricas y mejorar las oportunidades de vida para la población pobre del planeta, pasando por detener y revertir la degradación ambiental que a los santandereanos nos golpeará sin misericordia.

Perseguir y castigar al delito con contundencia y sin vacilación, es la respuesta, mientras que la xenofobia disfrazada de aporofobia, misoginia, homofobia y racismo es de mentes que solo logran agravar los problemas.

Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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