martes 06 de abril de 2010 - 10:00 AM

Mockus concita mayorías

El péndulo de la política generalmente varía de la derecha a la izquierda y viceversa. Así ha sido la constante en Latinoamérica.

Los colombianos no hemos obedecido a esa tendencia y, por el contrario, ha habido un continuo de gobiernos de derecha desde la caída de la Revolución en Marcha de Alfonso López Pumarejo, que han mantenido la violencia, la injusticia y la inequidad. El liberalismo ha logrado hasta días recientes cohabitar con ideas neoliberales y con ideas socialdemócratas, pero siempre con el conservadurismo predominando, mientras el progresismo ha ocupado posición subalterna en aras de la unidad y la concordia. Esta situación hoy es insostenible y el Partido Liberal acusa sus marcadas equivocaciones y hoy hace agua por todos lados. La dirigencia liberal triunfadora ha sido la del clientelismo y no pocas veces la de la corrupción. Los líderes con ideología se cansaron (se equivocaron), y algunos terminaron de maquinistas, conduciendo el tren liberal a pantanos insondables, con los espejismos de pequeñas victorias regionales.

El péndulo colombiano se mueve en sentido vertical y no en el horizontal. Pero de alguna manera se avizora una propuesta refrescante que movilice a la nación desde la violencia hacia la decencia, desde la corrupción hacia la educación, desde el atajo hacia la legalidad, desde los gritos estridentes de la guerra hacia la búsqueda de la equidad y la justicia.

Los procesos históricos requieren de maduración. Las naciones necesitan de proyectos políticos de unidad. En una sociedad polarizada, la mesura y el raciocinio urgen en medio de las masacres que no paran, del narcotráfico que no cede, pero por sobretodo de la exclusión y el desamparo que aumentan, como gasolina que alimenta el fuego de una Colombia incoherente y ombliguista.

La unión de Mockus y Fajardo alivia, es esperanzadora. Es una sinergia que multiplica, que debe convertirse en un fenómeno arrasador de las maquinarias y de los intereses egoístas de unos pocos. Observo el apoyo creciente, de multitudes provenientes de todas las edades y de todas las tendencias, hacia sus propuestas y hacia sus personas. El instinto nacional despertó para abrir el camino de concordia y progreso. Estoy seguro que muchos liberales acompañaremos a Mockus, sabiendo hasta donde, podemos esperar de él, sin falsas ilusiones, sin fanatismos, apostándole a la decencia y a la razón.

 

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