martes 02 de julio de 2019 - 12:00 AM

No es solo el tamaño

Los humanos nos tomamos mucho tiempo madurando nuestro cerebro y todo el tiempo estamos asimilando información proveniente de todo lo que nos rodea.
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El nuestro es más eficiente no obstante que otros animales lo tienen más grande. Solo pesa un tercio y un quinto con respecto al del elefante o al de la ballena. Hay que ver la proporción entre su tamaño, cuerpo del animal, y su relación con el desempeño. Pudiera decirse que la diferencia está en las arrugas del nuestro en su parte externa y el hecho de tener más células en tal localización. Somos los primates con más células en el cerebro. Cuando sobreviene la vejez con sus desastres, es notorio que algunos logran enfrentarla mejor que otros, lo cual pudiera explicarse porque aún al final de la vida se siguen produciendo neuronas, muy pocas, es cierto, si se compara con las que se crean al inicio. Para que el beneficio se dé, algunos investigadores le dan mucha importancia al desarrollo de actividades cognitivas, físicas y sociales hacia la mitad de la existencia. Los humanos nos tomamos mucho tiempo madurando nuestro cerebro y todo el tiempo estamos asimilando información proveniente de todo lo que nos rodea. Nuestra inteligencia no depende solo de las neuronas, pues los astrocitos juegan también un papel fundamental. Pero claro, los 16 mil millones de neuronas corticales hacen la diferencia. Lo que más sorprende es que nuestro cerebro funcione desde la ilusión creada por sus procesos electroquímicos. La conciencia en sus distintos grados, como los colores, son tan solo ilusiones creadas por la evolución para guiarnos en la lucha por la supervivencia, afrontando un mundo pleno de incertidumbres y riesgos. Los pensamientos se manifiestan en imágenes, en palabras o en ocasiones en un nivel no consciente. Solomon dice que un pensamiento, tan solo es la transformación de un insumo en un producto. Tal afirmación me recuerda el aforismo aquel de que uno piensa como vive y no vive como piensa, y lo fácil que nos dejamos manipular por la información o desinformación que consumimos. También hay que decir que alojamos en el intestino dos kilos de bacterias que influencian nuestro cerebro y por tanto nuestro comportamiento. Al final, somos lo que consumimos.

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