lunes 20 de septiembre de 2010 - 6:53 PM

¡No sea mugre!

¿Ustedes pueden imaginarse una Bucaramanga limpia habitada por ciudadanos sujetos a las normas legales?

Una ciudad así traería progreso, riqueza, salud, bienestar, y sería muy atractiva para el turismo y los negocios.

Nuestro individualismo nos lleva a creer que la libertad que más nos sirve, es la de hacer cada quien lo que le venga en gana. “Existe el orden, no cuando nadie puede actuar, sino cuando todos se ponen en movimiento dentro del círculo legal, sin estorbarse mutuamente; cuando las voluntades se ejercitan con armonía; cuando los intereses de todos se encuentran protegidos y se encauzan hacia su regular desarrollo”.

Para actuar en orden se requiere de la fortaleza institucional que carecemos. En materia de movilidad, que tiene gran impacto en materia de productividad y bienestar, los bumangueses nos rajamos.

Conductores privados y de servicio público, peatones, motociclistas, invadimos las vías en actitud irresponsable, agresiva, peligrosa y estúpida. “Caminar debe ser fácil, saludable, seguro y divertido”, dice la Fundación Colombiana de Peatones, pero en Bucaramanga es riesgoso hacerlo.

Metrolínea no ha sido solución y por el contrario, ha traído nuevos inconvenientes. El acceso a comprar carros no resolvió la movilidad familiar pero ha producido congestión vehicular, las motos baratas han sido solución falsa para familias de escasos recursos, trayendo tragedias y anarquía. Tamaño problema solo se soluciona acatando las normas actuales e imponiendo otras nuevas, concebidas con inteligencia.

Por fortuna, al frente del tema se encuentra un funcionario inteligente, capaz y probo. Las medidas que el doctor Avellaneda y el alcalde Vargas tomen para imponer el orden, deben tener el apoyo masivo y palpable de los ciudadanos. La reciente protesta de los motociclistas es injustificada. Ser motociclista, taxista o conductor de camioneta o de BMW, no da patente para imponer su voluntad. Todos debemos respetar las normas, acogernos a las restricciones, aceptar la cuota de afectación a nuestros intereses; y los funcionarios, están en el deber de imponer y hacer vale la autoridad con justicia.

Así también, la limpieza de la ciudad debe ser un propósito de todos. No hay razón alguna para ensuciar. Un viejo letrero de la ciudad rezaba: “No sea mugre, no bote basura”. La limpieza invita al orden, la limpieza es la base de la salud.

Hay en proyecto dos importantes Zonas Francas de Salud, luchando por conquistar mercados internacionales, lo cual significará progreso y riqueza para Santander. ¿Pero podemos ofrecer salud con credibilidad en un entorno de suciedad y desorden? Limpieza y Orden son temas estratégicos para la región.

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