martes 02 de marzo de 2021 - 12:00 AM

Nos cubrieron de vergüenza

La estrategia de engañar a seguidores y contradictores de la “seguridad democrática” haciéndoles creer en inexistentes éxitos operativos (6.402)... es una vergüenza imborrable.
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Matar a un semejante es barbarie, la humanidad ha llegado al lugar que hoy ocupa, por su espíritu de colaboración y a pesar de las guerras. Sin embargo, estas hacen parte del presente y de la historia, y las sufrimos conociendo su lógica: eliminar al mayor número de tropas del enemigo, crear terror en quienes los apoyen, ocupar territorio, ganar políticamente y usar la propaganda como arma de guerra.

Para matar hay que recibir entrenamiento en el uso de las armas, en entender las operaciones tácticas, y lo más difícil, eliminar el repudio instintivo a matar. Hacerlo en combate difiere de hacerlo de manera criminal. ¡Nos entrenan para matar, arguyó un oficial ante un juez!

Muchos apelan a un dios, a una patria, o a una ideología, para justificar las acciones de guerra: la yihad islámica da el pase al cielo a quien elimine “infieles”, los cruzados de la edad media hicieron lo propio, además de bonificar con tierras y títulos. Las guerrillas se fundamentaron en un supuesto cambio justiciero.

Lo que sucedió en Colombia con los asesinatos llamados “falsos positivos” es inédito, cruel y estúpido. Hacer pasar por bajas enemigas, a inocentes secuestrados en una cadena de horror, con incentivos baladíes, pero con la presión de mando por resultados medidos en “ríos de sangre”, es un crimen que merece verdad, reparación y justicia. La estrategia de engañar a seguidores y contradictores de la “seguridad democrática” haciéndoles creer en inexistentes éxitos operativos (6.402), aún da réditos como estrategia de la propaganda fraudulenta, pero es una vergüenza imborrable para nuestra nación. Ningún dios, ni patria alguna, merecieron tanta ignominia.

Si aceptamos la definición de wiki lengua, la patria se refiere a los lazos jurídicos, históricos y afectivos que tienen la personas con un país. Pero todos sabemos que los países y los Estados tienen límites arbitrarios, temporales y fijados por las fuerzas del poder que dominen durante un período de la historia. En un mundo hiperconectado y de una manera deseable y futurista, podría afirmar que nuestra patria es el planeta tierra.

¡Los responsables políticos también deben rendir cuentas!

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Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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