martes 19 de mayo de 2020 - 12:00 AM

Pandemia o pandemonio

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¡La enfermedad NO es el virus, es la respuesta inapropiada de nuestras defensas ante su contacto!

Los factores de riesgo para enfermedades crónicas son los mismos que se relacionan con mayor severidad en la Covid19: hipertensión arterial, obesidad, tabaco, diabetes, y otros asociadas a inflamación que deteriora nuestras defensas, consecuencia de nuestra forma de mal vivir. ¡Aprender a comer, a movernos, a cuidarnos, a cuidar a otros, esa es la vacuna!

Discrepo de la estrategia del miedo con su contadera de muertos porque es cruel, quita los deseos, abruma de temores, y desde el temor, la humanidad se desliza hacia lo despreciable. ¡Huyamos del miedo y vivamos bajo el principio de la precaución!

La ciencia biomédica es aproximación válida que aconseja sobre la base de lo poco que conoce, y a veces, resta valor a lo que desconoce. Por eso las pandemias las manejan los gobiernos, pues ante amenazas de salud pública hay que liderar a los pueblos, y para ello, hay que contar adicionalmente con los que estudian el comportamiento humano, su historia y su comunicación, para disminuir la incertidumbre en las decisiones.

El coronavirus de reciente aparición, enferma y mata a algunos, al igual que lo hacen muchos otros virus muy conocidos y con los cuales lidiamos a diario. Con este último también tenderemos que hacerlo, pues no se va a ir. El aislamiento fue necesario, pero su prolongación aumenta la barrera de acceso a tratamientos y desencadena enfermedades mentales y sociales de gran impacto, eso sí, el regreso a las actividades cotidianas tiene que ser ordenado y con cumplimiento estricto a las medidas de precaución.

Si la apertura que se está haciendo mantiene encerrados a todos los niños y a todos los mayores de setenta, será discriminatoria, ineficiente, cruel y malvada. Un adulto sano, mayor de setenta, tiene un riesgo aceptable. Es probable que la vida le haya dado años de oportunidad que ahora el confinamiento se los quita. Un niño tiene el derecho a recibir la influencia del mundo en que va a vivir. ¡Unos y otros tienen derecho a la vida!

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