martes 12 de noviembre de 2019 - 12:00 AM

Paradojas

Durante el gobierno Santos, la oposición uribista no dio tregua ni tuvo compasión. Ahora ellos, en el gobierno, satanizan las manifestaciones y pretenden criminalizar la protesta.
Escuchar este artículo

El Foro de Sao Paulo es un “tanque de pensamiento” creado por el Partido de los Trabajadores de Brasil, escenario de debate sobre las consecuencias de la aplicación de las políticas neoliberales en América Latina y en el Caribe, después de la caída del muro de Berlín. Resulta paradójico, que cuando conmemoramos y celebramos el fin del comunismo hace 30 años, en Colombia nos digan que la inconformidad en Latinoamérica está alimentada por una estrategia de dicho foro, mientras el presidente de Bolivia, renuncia por intervención de las Fuerzas armadas, y en Brasil, la justicia ordena la libertad de Lula da Silva.

El rector de la Universidad de los Andes nos recuerda hace unas horas en su Tweet, un sesgo en el pensamiento, que nos lleva que, ante un mismo acontecimiento, unos celebren y otros denuncien. Se argumenta en defensa de Piñera en Chile sus resultados en crecimiento económico y en reducción de la pobreza, los mismos y muy buenos resultados se abonan a la gestión presidencial de Evo.

Los argumentos del poder son para mover emociones. Durante el gobierno Santos, la oposición uribista no dio tregua ni tuvo compasión. Ahora ellos, en el gobierno, satanizan las manifestaciones y pretenden criminalizar la protesta. Así es la política. Así son los juegos del poder. Cuando conviene la política del amor y del perdón heredada de la concepción de Jesús, ésta sale a relucir, cuando por el contrario conviene aplicar a San Pablo, que privilegió la espada y la quema de libros para imponer el evangelio del amor, entonces es la argumentación que se aplica. Nuestra civilización judeocristiana de más de dos siglos, y que solo recientemente ha separado tímidamente la religión del Estado continúa mostrando en la política y en la disputa por el poder, el ADN de su génesis.

La iglesia católica ha mermado su influencia, en la misma medida que la han ganado los grupos religiosos denominados cristianos. Unos y otros son actores principales en la defensa y en el ataque a las ideas que convulsionan nuestros países. Son las paradojas de los estados laicos en países con inequidades no resueltas.

Otras columnas
Comentarios
Comente con Facebook
Vanguardia no se hace responsable por las opiniones emitidas en este espacio. Los comentarios que aquí se publican son responsabilidad del usuario que los ha escrito. Vanguardia se reserva el derecho de eliminar aquellos que utilicen un lenguaje soez, que ataquen a otras personas o sean publicidad de cualquier tipo.
Publicidad
Publicidad
Publicidad
Publicidad