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Jaime Calderón Herrera
Miércoles 17 de enero de 2024 - 12:00 PM

Pobreza comida y enfermedad

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Un entorno escolar seguro lo compone una serie de espacios físicos, sociales y culturales que propicien el desarrollo integral de los alumnos, previniendo y tratando de manera integral todas las manifestaciones de violencia. Deben, por supuesto, ser espacios libres de toda clase de humo, pero también deben velar por concientizar a padres, maestros, y alumnos acerca de los riesgos y daños secundarios a la ingesta de productos ultra procesados (PUP) que van más allá de producir obesidad infantil expresada luego en adultos con cáncer, enfermedad cerebro-cardiovascular y demencia. Quienes consumen habitualmente estos productos y no aumentan de peso, tienen mayor riesgo de enfermarse que aquellos en los cuales la obesidad es manifiesta. Quiero decir que los PUP tienen sustancias adictivas y otras que producen enfermedad por sí mismas además del riesgo inherente a la obesidad. Entre algunos PUP están las galletas, la confitería, las bebidas azucaradas, las margarinas, las pastas, postres y sopas instantáneas, pizza, productos cárnicos reconstituidos, cereales de desayuno endulzado, y muchísimos más.

El consumo de masivo de PUP, de tabaco, de sicotrópicos agravan los problemas sociales derivados de la pobreza enfermando el cuerpo de quienes los consumen, al permitir la expresión de genes, que, sin tal exposición, permanecerían en estado inerte. Nuestro genoma es un escenario permanente de guerra entre un pedazo de ADN contra otro. Muy antiguos virus “muertos” dispuestos a combatir contra el resto de ADN producto de la evolución, y cuyo objetivo, entre otros, es mantener silenciados a los primeros, en un equilibro roto hoy por el consumo de una dieta que provee las calorías en su mayor parte por los PUP, productos que poseen sustancias adictivas, además de otras que afectan el ADN, y que con estrategias de mercadeo anulan nuestra fuerza de voluntad, cambiado para mal la cultura de la alimentación. Somos lo que comemos, pero comemos lo que está disponible a la mano, con precio atractivo y con mercadeo efectivo. Pues estas tres últimas cosas son las que tenemos que cambiar. Las principales víctimas de los PUP son la población pobre. De acuerdo con lo que comemos sabemos que tan pobres somos.

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