martes 15 de octubre de 2019 - 12:00 AM

¿Qué nos mueve?

sería mejor entregarle a un algoritmo la responsabilidad de una terna para cada cargo, de la cual los ciudadanos escogiéramos.
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Para muchos la singularidad ya está entre nosotros. No me refiero en términos de espacio-tiempo, sino en los de inteligencia artificial, que considera que las máquinas pueden llegar a ser más inteligentes que nosotros, trayendo con ello una explosión de conocimiento, y a medida que esa fusión humano máquina se consolide, nuestra capacidad intelectual se multiplicará por mil millones. La barrera: que las máquinas comprendan el lenguaje natural, lo cual requiere de inteligencia humana. Para Kurzweil, la palabra nos tomó cientos de miles de años de evolución, en tanto que la escritura tardó decenas de miles de años, y la imprenta, cientos. Ahora... los cambios se producen a gran velocidad.

En el mundo actual, donde los datos, sometidos a inteligencia artificial, producen predicciones acerca de individuos manipulables electoralmente, es pertinente preguntarnos qué nos mueve a ser candidatos o a escoger a alguno de ellos en las urnas. Está claro que las motivaciones altruistas de servicio público han desaparecido en la práctica, y permanece la ambición de control mediante el poder que brinda un cargo de dirección en el gobierno. Pero a los electores ¿qué los mueve? No es la palabra, no es el discurso. No son los programas de gobierno, nadie se engaña acerca de las intenciones de la mayoría de los aspirantes. Predomina “el compromiso” por dinero, por un puesto o un contrato y la perspectiva de una nueva “ayuda”, o la fe ciega e irracional en un dirigente en el cual ve identidades con su personalidad, o, por el contrario, se basa en el odio. Elegimos de manera irracional. El voto inteligente es escaso. Los partidos políticos desaparecieron, ya no escogen a sus dirigentes por su ideología y solo son entidades que avalan de manera oscura las ambiciones personales respaldadas con dinero. Entonces, si las máquinas, alimentadas como están con los datos de los ciudadanos, pueden ser más eficientes y más inteligentes en seleccionar a los mejores candidatos, sería mejor entregarle a un algoritmo la responsabilidad de una terna para cada cargo, de la cual los ciudadanos escogiéramos. ¿Y la democracia? me dirán. ¿Cuál democracia?

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