martes 04 de octubre de 2022 - 12:00 AM

¿Qué nos quita el sueño?

En tiempos de oferta de cambios, los ricos sueñan que más recibirán, los pobres rumian en sus sueños su desesperanza, proliferan los medradores y los expertos en agravios. El cambio es un sueño, que lo imaginamos según como somos, y al parecer sin consciencia de ello

La línea que divide la realidad y los sueños es tan tenue, que es fácil vivir entre los dos mundos sin percatarse de ello. En la obra de Pedro Calderón de la Barca, “La vida es sueño”, Segismundo quien antes de ser liberado por su padre había sido convencido de que su cautiverio había sido un sueño, reflexiona sobre ello de una manera que me motiva, en tiempos en que la humanidad se polariza, pero que a mi juicio solo expresa nuestra condición, a recordarles un fragmento del poema:

“Sueña el rico en su riqueza que más cuidados le ofrece; sueña el pobre que padece su miseria y su pobreza, sueña el que a medrar empieza, sueña el que afana y pretende, sueña el que agravia y ofende; y en el mundo, en conclusión, todos sueñan lo que son, aunque ninguno lo entiende”.

A nuestras aspiraciones y deseos las calificamos de sueños, y en nuestra cultura nos invitan a perseguirlos, a perseverar en ellos. Muy pocos los logran, muchos en un principio de realidad o de madurez, los abandonan, o simplemente los aplazan hasta que se desvanezcan en el olvido. Pudiera afirmar que en muchos casos padecemos de sueños, porque como el escritor puso en boca de Segismundo, todos sueñan lo que son, aunque ninguno lo entienda.

En tiempos de oferta de cambios, los ricos sueñan que más recibirán, los pobres rumian en sus sueños su desesperanza, proliferan los medradores y los expertos en agravios. El cambio es un sueño, que lo imaginamos según como somos, y al parecer sin consciencia de ello.

Para quienes la posibilidad del cambio afecta sus sueños, no solo les genera ansiedad, sino que esta les produce insomnio. Los fanáticos de cualquier condición poseen menos conexiones entre el lóbulo frontal y la língula, es decir tienen menos control de su emocionalidad y de manera fácil transitan hacia el pensamiento rumiante, es decir, una y otra vez aparecen las ideas que no les dejan encontrar el descanso mientras le desean, eso sí a otros, el descanso eterno.

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Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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