martes 06 de junio de 2023 - 12:00 AM

Jaime Calderón Herrera

Respondamos con contundencia

Si lo superfluo de los ricos, como lo leí alguna vez, sirviera para lo necesario de los pobres...pero la realidad nos muestra que lo necesario de los pobres se emplea para los superfluo de los ricos. Esta reflexión vino a mi mente escuchando el informe de la encuesta de percepción de Bucaramanga cómo vamos, que entre otras muchas cosas divulgó que este año, el 32 % de los habitantes de ésta ciudad se consideran pobres y el 17 % respondieron haber padecido hambre en la semana anterior a la encuesta, siendo las mujeres las que la sufrieron en mayor proporción.

Una sociedad con 108.000 habitantes acostándose con hambre y una tercera parte de su población que se considere pobre no puede aspirar a ser productiva, ni amable, ni segura. Es así como el 61.5 % de los residentes en Bucaramanga se sienten inseguros, con el agravante que el 60 % de esa percepción es de mujeres. Un dato para considerar es el que 65 % de los encuestados manifestaron no haber sido victimas de algún delito en el Área Metropolitana de Bucaramanga (AMB). Esos mismos ciudadanos perciben que el 80 % no cumplen, o solo algunas veces, las normas de convivencia, lo cual deja en evidencia un grave problema de comportamiento ciudadano.

Algo que percibo y que no muestra la encuesta, es el gran daño infligido a la sociedad desde el microtráfico que extiende los brazos perversos desde la drogadicción destructora de tejido social, de capital humano y de inteligencia individual y colectiva, hacia el trasporte informal e ilegal que hoy tiene dos terceras partes de los usuarios, pero también que controla en parte la delincuencia responsable de los hurtos, las extorsiones, el fleteo y hasta el sicariato. La economía ilegal cunde en la ciudad.

Con un ambiente ciudadano enfermo de desconfianza, sin esperanza en el futuro próximo, con su juventud alucinando en un porcentaje más que preocupante, con más de 100 mil personas acostándose sin comer y con una delincuencia acaparando la economía, se impone una respuesta contundente de la ciudad para reconstruir armonía, amabilidad y autoridad, y un compromiso cierto de erradicar el hambre y combatir la miseria.

Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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