martes 25 de junio de 2019 - 12:00 AM

“Se acabaron los valientes y no dejaron semilla”

Esa patria es el infierno donde crece la maleza abonada por la siembra de odios y venganzas, por el diablo que azuza con voz meliflua y frases contradictorias.

En ese momento supe que estaba despierto pero que me negaba a abrir los ojos, fue cuando vino a mi mente el cuadro expresionista del pintor noruego Edvard Munch que revela la desesperación de un hombre en un entorno fatídico, con la presencia al fondo de dos sombras de indiferencia.

La mente hace lo que le viene en gana, y la pintura de Munch conocida como “El grito” me intimidó desde la subconsciencia, solo para decirme que no podría despertar indiferente, cuando en la noche anterior el corazón se me achicharró y los ojos se humedecieron ante las imágenes desgarradoras de un niño gritando impotente y desesperado ante la ya madre muerta por las balas de cobardes sicarios cumpliendo órdenes de aún más cobardes y ocultos asesinos.

Como lo escribiera el artista nórdico, el cielo se tiñó de rojo sangre... y sentí un grito infinito que atravesaba la naturaleza. Qué puedo decir de una patria que la inundó la cobardía de los codiciosos y asesinos, que despojan tierras de humildes, que matan y matan en territorios ricos y llenos de miserias, donde abundan uniformados incapaces de implantar el orden y las libertades como condición para garantizar el derecho fundamental a la vida. Mi patria vive de los muertos que muchos justifican porque suponen delincuentes, porque suponen rebeldes, porque suponen invasores, o porque simplemente consideran personas desechables, innecesarias. Esa patria es el infierno donde crece la maleza abonada por la siembra de odios y venganzas, por el diablo que azuza con voz meliflua y frases contradictorias.

Abro los ojos, me incorporo del lecho con un cansancio insoportable y corro tras un refugio poético que me alivie. Me tropiezo con Borges: “...el muerto ubicuamente ajeno no es sino la perdición y ausencia del mundo. Todo se lo robamos, no le dejamos ni un color ni una sílaba: aquí está el patio que ya no comparten sus ojos, allí la acera donde acechó su esperanza... nos hemos repartido como ladrones el caudal de las noches y de los días.”

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