martes 03 de diciembre de 2019 - 12:00 AM

Tres preguntas

La burla democrática es inmensa y la gente busca canales de expresión y de represen-tación con desespero.
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Aída Merlano, ‘La reina de la compra de votos’, fue condenada por concierto para delinquir, fraude procesal y falsedad en documento privado. Un juez condenó por lo mismo a tres ciudadanos más y mantiene vinculado al proceso al poderoso empresario Gerlein.

La compra de votos es un delito “cultural” que se ha venido cometiendo por lo menos durante los últimos cincuenta años. Si en Colombia la impunidad por homicidios supera el 90%, la impunidad por compra de votos es del 99,99%. Los políticos, maestros en ganar elecciones, saben de las distintas formas de comprar y pagar, y, sobre todo, de controlar que su inversión criminal sea efectiva.

Se pagan los votos de manera diferida, cuando a quien han favorecido con un cargo, un contrato o una orden de prestación de servicios, le exigen un listado de personas con sus respectivas cédulas y sitios de votación, de tal manera que si estos votos no han sido sufragados por el candidato pagador, este tomará retaliaciones suspendiendo su favorecimiento, pero si los votos a su favor fueron efectivos al cotejar los resultados por mesa, el pago se mantiene o aún puede aumentar en la proporción de los votos constreñidos.

También se paga de forma directa y por intermediarios.

La forma directa, cuentan los que han estado en esas lides, consiste generalmente en cancelar después del sufragio, introduciendo los billetes en cajas de fósforos o en distintas expresiones de creatividad en el ocultamiento, por ejemplo, el carrusel de tarjetones. Por medio de intermediarios, se pagan sumas importantes a “falsos líderes”, para que estos realicen reuniones de proselitismo, pero también para que, en el día de las elecciones, garanticen que su “clientela paga” acuda a las urnas a cumplir el compromiso transaccional.

Muchos de los que cometen tales delitos dicen representarnos y son nuestra “democracia”.

Todos sabemos que eso pasa. El delito está generalizado. Debe ser sancionado de manera ejemplar. ¿Pero por qué hasta ahora? ¿Por qué selectivamente? ¿Caerán los peces gordos?

La burla democrática es inmensa y la gente busca canales de expresión y de representación con desespero.

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