jueves 07 de diciembre de 2023 - 12:00 AM

Un verdadero dolor de cabeza

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La pandemia por el COVID19 con sus vacunas continúa siendo un tema inacabado del cual desconocemos demasiado. No es sorpresa para los médicos que cada paciente que adquirió esta infección viral se comporte de manera diferente pues los médicos sabemos, aunque a veces lo olvidamos, que no hay enfermedades sino enfermos.

Preocupa sobremanera el COVID prolongado que puede estar afectando a más de 70 millones de personas en el planeta, y que al igual que el agudo, se manifiesta con síntomas diferentes. Se han descrito más de 180, pero es frecuente que los enfermos consulten por fatiga, confusión mental, depresión, molestias gastrointestinales y cefalea. Pero la infección por el SARS-CoV-2 no es la única infección viral sobre el aparato respiratorio que puede tener manifestaciones prolongadas, haciendo evidente lo poco que sabemos sobre estos virus respiratorios.

Se ha postulado que la presencia del virus en el organismo produce un estado permanente de respuesta inflamatoria que incluso inhibe la secreción de serotonina en el colon y tal afección se traduce en depresión, en muchas ocasiones severa.

No sabemos cuántos de quienes adquirieron el COVID19 presentan su manifestación prolongada. Estudios confiables muestran datos disímiles que fluctúan entre un 5 % a un 15 %. También han mostrado que las mujeres son más susceptibles a presentar la enfermedad crónica y que a su vez, los infectados con la primera variante-delta- son más propensos que los infectados con la variante ómicron.

Se han propuesto diversos modos de tratar esta enfermedad, pero no hay evidencia confiable que los respalde. Lo que si se ha logrado demostrar es que hay importantes y diversas alteraciones en el sistema inmune de los enfermos, incluyendo un ataque al organismo por parte del propio sistema de defensa. Una repercusión grave, es la afectación en la concentración de cortisol en sangre, comprometiendo precisamente la modulación que esta hormona ejerce sobre el sistema de defensa del organismo.

Sin entrar en el debate sobre las vacunas basadas en RNAm, debo decir que hay buenos estudios afirmando que su aplicación disminuye la probabilidad de presentar la infección persistente sin eliminarla del todo. Seguir investigando es el camino.

JAIME CALDERÓN

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Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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