martes 15 de noviembre de 2022 - 12:00 AM

Una flor para vivir

Las opciones para un planeta futuro son las de estar habitado por pinos y vientos huracanados, o por gente más sabia que aprecie la belleza y el aroma de las flores y el regalo de la vida.

Nada mejor que el sentimiento de abuelo y las enseñanzas que tal condición trae. Recién una de mis nietas comenzó a pasear, me llamó la atención que cada vez que veía una margarita amarilla silvestre, la tomara para sí y luego la ofreciera como regalo. Dicha experiencia me hizo reflexionar sobre las flores, la existencia humana en el planeta y el cambio climático. Aprendí que las plantas con flores prevalecen en la tierra sobre las denominadas gimnospermas gracias a su mecanismo de reproducción mediante el polen trasmitido por mariposas y otros insectos como las abejas, en tanto que sus rivales, las coníferas, se polinizan mediante el viento. Los cambios del clima influenciarán estas existencias. Me estremece pensar un próximo siglo sin flores para regalar, sin mariposas para admirar y sin la miel de las abejas.

Desde temprana edad entendí que, salvo excepciones, las personas somos incoherentes en cuanto que no vivimos de acuerdo con nuestras creencias, sino que, por el contrario, pensamos según como vivimos y tenemos. Esas personas sumamos hoy ocho mil millones pisando el planeta con sus usos y costumbres que dependen de sus ingresos. Expertos nos anuncian que entre mayor número seamos, menos espacio dejamos para otras manifestaciones de vida, pero que también la tasa de natalidad está disminuyendo y la población será menor y más vieja antes del 2100, lo cual no necesariamente es la solución. Ningún pronóstico que yo conozca toma en cuenta el impacto del cambio climático sobre la población.

Menos gente, mejor para el planeta, pero más viejos es una amenaza para la economía, a menos que estos sean saludables. Pero hay que decir que vale aproximadamente 80 millones de pesos criar un niño hasta los 18 años.

Las políticas públicas deseables son las de Inversión en educación, con énfasis en hábitos que preserven la salud, modelos preventivos sin descuidar los curativos con pertinencia y acciones que mitiguen los efectos del cambio climático.

Las opciones para un planeta futuro son las de estar habitado por pinos y vientos huracanados, o por gente más sabia que aprecie la belleza y el aroma de las flores y el regalo de la vida.

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