martes 10 de septiembre de 2019 - 12:00 AM

Urgen cambios en la Medicina

Una sociedad que no cuide a sus cuidadores y que delegue de manera exclusiva la cura de su enfermedad a especialistas, a medicamentos y cirugías, siempre vivirá con malestar.
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La profesión médica ha servido sin duda como escalamiento social en el logro de una mayor equidad mediante la educación, lo cual es totalmente válido, solo que hay un requisito indispensable para ejercerla: la vocación de servicio.

Las familias del ayer anhelaban religiosos, ingenieros, abogados y médicos para lustre de su clan. El gran orgullo, y se sigue diciendo, es el de “sacar a mis hijos profesionales”. Ahora, después de un gran esfuerzo personal y familiar, en términos de sacrificio individual, económico y sicológico, alguien recibe el título de médico para enfrentar una gran incertidumbre laboral y profesional. Las condiciones cambiaron. El conocimiento creció de manera exponencial, la sociedad reclama especialistas que reciben remuneraciones injustas, deben competir y pagar millones de pesos para acceder a un título como tales, a sabiendas que solo uno de cada cinco lo logrará. Pero no es suficiente. Será necesaria una segunda especialización en iguales o peores circunstancias. Al ejercer como generalista o como especialista encontrará una afectación seria a su autonomía profesional, no obstante que, según nuestra Constitución, solo es subalterna a la autonomía de los enfermos. La demanda de lo innecesario por parte de muchos pacientes, la incomprensión de administradores, la presión de la industria, socavan su autonomía. Los médicos sufren de desgaste profesional más que otros profesionales. La tecnología ha resuelto dificultades de acceso al conocimiento, pero ha obstaculizado su ejercicio de consulta al exigir la digitación de datos que se hace de manera defectuosa en un registro clínico electrónico con la utilidad de un repositorio, y que se erigió en una barrera entre médico y paciente. Desde siempre, las principales competencias de un médico son la compasión, la comunicación y la empatía hoy menguadas. Aspiro que la era digital nos traiga el asistente ídem que aporte el conocimiento, la automatización de los procesos, la visión integral del enfermo, la medicina preventiva, y nos permita concentrarnos en las tres competencias mencionadas que tienen el poder de la sanación. Una sociedad que no promueva el auto cuidado, que no cuide a sus cuidadores y que delegue de manera exclusiva la cura de su enfermedad a especialistas, a medicamentos y cirugías, siempre vivirá con malestar.

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