martes 16 de diciembre de 2008 - 10:00 AM

Uribush III

No estoy a favor ni en contra sino todo lo contrario, pareciera decir el Presidente, cuando todos insistentemente lo requieren para que de una vez por todas diga si quiere ser reelegido  para un tercer período.

El Tiempo editorializa la preocupación  que le asiste por la ambigüedad del Mandatario y éste no demora en responder mediante su nueva adquisición, un muñequito de ventriloquía, que llaman Rodrigo Rivera.

Dijo el muñequito que el país de pronto elige un mandatario que le entregue el país a las Farc, y que la política de seguridad democrática debe ser una política de Estado y que no hay que cerrarle el paso a Uribe para el 2010.

Entre tanto, el referendo que lo haría posible lucha por  no naufragar en su trámite por el Congreso, debido a las circunstancias que se dieron para la recolección de las firmas, las cuales avalaron una pregunta que los ciudadanos no leyeron y si lo hicieron, no la comprendieron, pero que ahora los llamados honorables quieren reformar para interpretar honorablemente a los firmantes.

  Como si fuera poco, la financiación corrió por cuenta de los contratistas del Estado, quienes aportaron a una Fundación diseñada para  engañar al Consejo Nacional Electoral e incumplir la norma legal de topes de financiación.

La primera reelección fue posible gracias a una reforma a la Constitución que lleva la mácula del cohecho; la segunda reforma  también se resiste a tener  origen en la legalidad.

Estamos en los tiempos del pragmatismo, donde el fin justifica los medios. Pero también estamos asistiendo al inicio del regreso del péndulo.  Si Uribe tiene su Uribito, el Presidente ha sido nuestro Bushito.

Bush se aferró al  milagroso libre mercado que ya produjo la recesión mundial;  injustificadamente llevó la tragedia y la ignominia a Irak por lo cual ya recibió el zapatazo de la historia y se despide de la casa blanca con sus perros (como también fue llamado), con el repudio de sus conciudadanos.
    
Uribe, que lo ha imitado en todo, puede salvarse de lo último, si comprende que más Uribe lo único que logrará es acelerar el regreso del péndulo y terminar de la misma manera que lo está haciendo su ídolo paradigmático.

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