lunes 21 de diciembre de 2009 - 10:00 AM

Del salario mínimo

La comisión integrada por representantes de los gremios empresariales, las centrales obreras y el gobierno nacional, no ha podido ponerse de acuerdo en los últimos años y todo parece indicar que así ocurrirá en esta ocasión, dando paso a la expedición de un decreto que contemple el nuevo incremento. En una democracia participativa el nombramiento de comisiones en el área social debería conducir a consensos que interpreten las posiciones de las partes interesadas. No es un buen síntoma que cada año el salario mínimo se fije por decreto, pues envía el mensaje de distancias insalvables entre patronos y trabajadores, amén del insulso papel mediador que cumple el gobierno.

La negociación de un nuevo salario debe cumplir varios propósitos que la mera actualización del valor adquisitivo, no consigue. El concepto general corresponde al gobierno, en la fijación de una política social que esté dispuesto a impulsar. Es claro que en los últimos años se ha perdido calidad del empleo, cuyo sacrificio no se ve representado en mayor cantidad de puestos de trabajo, pues, el desempleo supera el 11.5% y el subempleo se ha convertido en el refugio obligado para quienes precisan de ingresos laborales. De las nóminas casi desaparecieron las horas extras, se flexibilizó el horario nocturno, la reforma laboral del gobierno anterior, de Uribe, modificó sustancialmente la estabilidad, las empresas sustituyeron empleos directos por servicios con entidades agrupadoras o con las mal llamadas cooperativas de trabajo asociado, con dueño propio y el desempleo está en dos dígitos. Además, la informalidad ha crecido y con ello la seguridad social deja por fuera de opciones pensionales a muchos compatriotas que viven de la economía del rebusque. En proporción, existen menos cotizantes a la salud y por esta vía, también se contribuye al desequilibrio que se anuncia en ese sector.

Si se quiere mejorar la calidad de vida de quienes devengan el salario mínimo y convertir a la fuerza laborar en otro reactivador de la economía, a través de la demanda de bienes y servicios, se debe recuperar la capacidad adquisitiva perdida y aumentar los salarios por encima del índice de inflación. La propuesta alrededor del 3% resulta irrisoria, si queremos impulsar la economía del bienestar. Mejorar los ingresos de los sectores más bajos, significa estar dispuesto a disminuir las brechas existentes. Donde más se aprecia el impacto de subir ingresos es en aquellos niveles inferiores de la estructura salarial, pues se incrementa sustancialmente la demanda interna y con ello se favorece a toda la economía, empezando por las ventas de las empresas y sus ingresos.

 

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