lunes 19 de octubre de 2009 - 10:00 AM

Erradicación de la pobreza

Desde tiempos inmemoriales se han registrado episodios relacionados con la desigualdad humana, expresados gráficamente en las mismas escrituras religiosas, en ocasiones como las grandes diferencias plasmadas en los banquetes del rico Epulón y el pobre Lázaro, que no tenía nada qué comer y con las sobras se alimentaba. Aún en nuestros tiempos, en plena modernidad, subsisten esas grandes diferencias entre los habitantes del planeta, al punto de convertirse en una verdadera vergüenza de la raza humana, cuando se conocen las estadísticas sobre los indicadores más notorios en la determinación de la pobreza.

Las Naciones Unidas, conscientes del importante papel que deben cumplir en este sentido, declaró en su Asamblea General de 1993 el 17 de Octubre como el día Mundial para la erradicación de la pobreza. Más tarde este propósito se convirtió en uno de los objetivos del Milenio, cuya primera meta ha sido fijada para el 2015, fecha en la cual se aspira a reducir la pobreza al 50% de la que existía, en cada país, al comienzo del siglo. Este mes de octubre es de gran trascendencia para la humanidad: por el descubrimiento de América, el día 12 se ha convertido en el día de la raza y además, el 15 de octubre ha sido proclamado como el día del ahorro, por el movimiento cooperativo internacional. La eliminación de la pobreza figura como uno de los principales temas dentro de la agenda de los derechos humanos, al punto que existe una especie de graduación en la forma como se clasifica. 'La pobreza no es únicamente la falta de ingresos, sino la privación del acceso a los derechos necesarios para disfrutar de un nivel de vida adecuado'. Así tenemos en grado descendente: la pobreza, la pobreza extrema (menos de un dólar diario para vivir) y la miseria. Erradicar la pobreza es allanar el camino para la paz. Dostoiesvky decía que: aún en la pobreza, la gente guarda sentimientos nobles.

El último año nos ha puesto de frente, por el rumbo que tomó la economía internacional y sus implicaciones en todo el mundo, la verdadera realidad de este flagelo universal. Cerca del 20% de la población mundial tiene hambre y el mismo cambio climático nos anuncia hambrunas, si no actuamos a tiempo y como se debe; millones de niños siguen sin recibir educación y muchos otros corren el peligro de abandonar las aulas; se han destruido 50 millones de empleo y 100 millones más han sido empujados a la pobreza. ¡Solo acciones coherentes de inversión en lo económico y social, encaminadas al desarrollo armónico y sostenible de los pueblos, nos pueden librar de tan anunciada hecatombe!

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