lunes 02 de febrero de 2009 - 10:00 AM

¡A clases!

Comienza, para la mayoría de estudiantes, otro año lectivo. El inicio de cada nuevo grado despierta grandes expectativas en los alumnos, empezando por los temores naturales de quienes por primera vez dejan el espacio exclusivo del hogar para compartirlo, ahora, con nuevas personitas guiados por profesores a quienes observan, al principio, con ese temor propio de la infancia, antes de la irreverencia que les otorga la confianza ganada, luego de unas cuantas semanas.

El sistema educativo, en general, es el fiel reflejo de un país y de la forma como la sociedad quiere afrontar el futuro. La educación es sinónimo de esperanza en una sociedad que se esfuerza por preparar sus talentos para salir adelante. El uso del talento se aprecia mejor, en las épocas difíciles que es cuando se pone a prueba la verdadera capacidad de quienes tienen la responsabilidad de tomar las decisiones que no dejarán hundir la embarcación y antes por el contrario, orientarán el rumbo hacia un puerto seguro.

El presupuesto que se asigne para la educación debe ser creciente y aprovecharse de la mejor manera posible, si queremos mejorar la calidad de la educación en nuestro medio. Sin descuidar la formación en las ciencias básicas, existen hoy herramientas adicionales para complementar una adecuada preparación que nos haga más competitivos en lo académico y mejor preparados para enfrentar los grandes retos del futuro. La fuerza laboral, a que tanto se hacía referencia en los albores del capitalismo, ha girado en esta etapa de la modernidad, hacia el conocimiento. Quien lo tenga estará muy cerca del poder económico con todas sus influencias, incluyendo las determinaciones que de allí se desprendan.

El uso de la tecnología en la educación es una condición fundamental para hacer rendir más el tiempo de clase y generar mayor interacción entre estudiantes y profesores. Esto, sin duda, eleva el nivel académico de unos y otros. La globalización de la vida y todo su entorno, facilitada por los medios de comunicación, generó nuevos ciudadanos del mundo, para quienes los idiomas son una necesidad, si quieren competir con éxito. Buenos ciudadanos, respetuosos de la ley, amantes de la democracia participativa y con espíritu de libertad, serán los dirigentes del mañana, que hoy se formen bajo tales orientaciones.

 Liderazgo, espíritu emprendedor, optimismo, esfuerzo, persistencia y vocación social; necesitan quienes aspiren a construir una sociedad más solidaria, que avance hacia el desarrollo sin perder la vocación social que un país, como el nuestro requiere. Sin duda, la educación es la mejor inversión que pueden hacer los padres de familia y el país entero.

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