lunes 16 de febrero de 2009 - 10:00 AM

¡Gasto prudente!

Tan abundante es la literatura que apunta a recomendar la forma de enfrentar la crisis económica, como el tamaño de la misma.

Lo primero que debemos precisar es el reconocimiento, por los organismos internacionales, de la recesión en que entraron las principales economías durante el año anterior. Según cifras del fondo monetario, tuvieron crecimiento negativo las economías estadounidense, japonesa, alemana, británica, así como un menor crecimiento se observó en la China, Canadá, Rusia, Francia, Italia, Brasil e India que en conjunto representan cerca del 71% del Producto Bruto Mundial, los efectos no se han hecho esperar.

Así como desde mediados de 2007 al 2008 se presentó un fuerte incremento en los precios del petróleo, alimentos y materias primas; a partir del segundo semestre del año anterior se vinieron en picada esos precios y para solo señalar el petróleo, este perdió más de cien dólares por barril, afectando las finanzas públicas de nuestros vecinos, Venezuela y Ecuador, así como las colombianas.

Hasta el momento hemos salido bien librados si tenemos en cuenta que la economía sigue creciendo, aunque a menor ritmo, al pasar del 7,56% en el 2007 a un crecimiento estimado del 3,5% en el 2008 y uno proyectado, para el 2009, por debajo del 3% con relación al último año. La pregunta está orientada a indagar si todos estamos haciendo lo suficiente para protegernos o por el contrario, parece que la recesión está en otras latitudes y relajarnos puede ser una buena actitud.

Es indudable que la economía y las empresas colombianas aprendieron de la crisis de fin de siglo, hace 10 años estábamos en el ojo del huracán, mejorando su gestión y fortaleciéndose patrimonialmente para enfrentar futuras complicaciones. Pero la situación no es la misma para el presupuesto familiar de ingresos bajos, donde la inflación golpea su capacidad de compra y solo por vía de los alimentos han perdido más del 11% del poder adquisitivo.

A esto debemos adicionarle el incremento que se viene presentando en las tarifas de los servicios públicos, sin que el gobierno se haya interesado en frenar el abuso de la posición dominante que tienen las empresas prestadoras de servicios públicos domiciliarios.

Una de las recomendaciones más difundidas para alejar la recesión y salir de la desaceleración en que estamos, es fomentar el consumo y la inversión. Para mejorar el consumo es necesario defender el poder adquisitivo del salario, propiciar la redistribución del ingreso (mediante apoyos, subsidios, transferencias) y controlar el sistema general de precios. La inversión pública depende del gobierno y su capacidad de gestionar grandes obras (muy lenta), la privada juega con las tasas de interés a la baja.

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