lunes 14 de diciembre de 2009 - 10:00 AM

¡Puente encantado!

En este diario aparece, a manera de recordación, el número de días transcurridos desde cuanto colapsó el puente Flandes sobre el río de Oro, en el municipio de Girón, que sirve de comunicación a la ciudad de Bucaramanga con el Aeropuerto de Palonegro, con la Troncal de la Paz, con Barrancabermeja, con el centro, el norte y el occidente del país; sin que los santandereanos hayamos recibido el trato digno que merece una región como la nuestra. Hace poco se anunció por parte del Ministerio del Transporte que habían asignado los recursos para la construcción de la nueva estructura y se fijó un plazo de dos años para su terminación.

¡Dos años para hacer un puente! Por Dios ¿en qué país estamos? Se habla mucho de la modernización del Estado, de la eliminación de trámites y de los puestos que hemos avanzado en el ranking mundial por la facilidad para hacer negocios. Pero parece increíble, dos años para hacer un puente. Con frecuencia escuchamos acerca de la importancia que tiene para la economía colombiana el tema de la infraestructura y sobre la necesidad de acometer las obras públicas que permitan una mejor conectividad de las regiones con los puertos y los mercados de los países vecinos. También es evidente que la ingeniería de hoy se encuentra más avanzada y cuenta con maquinaria y herramientas que facilitan la realización de grandes obras, aún en condiciones más exigentes. Como no soy ingeniero, me resisto a creer que un puente de escaso tamaño, para decir verdad, no se pueda hacer en menos tiempo. Yo creo que existen otras causas que imposibilitan que una obra, tan necesaria para la región y no tan compleja de realizar, requiera todo ese tiempo. Llevamos más de dos años sufriendo trancones, incomodidades y sobrecostos y dos más que se demora la construcción; significan 4 años de desidia del Ministerio del Transporte, por Santander. Imaginémonos no más a ese ritmo ¿cuántas décadas necesita el Ministro para hacer la doble calzada a Cúcuta? Inconcebible que a estas alturas no se exijan resultados oportunos a quienes dirigen las riendas de las obras públicas. A lo mejor, si este puente fuera necesario en la región de sus afectos, existiría más diligencia en levantarlo.

La situación nos sirve, también, para cuestionar a los parlamentarios de la región por su pasividad ante el Ministerio, frente a esta situación y en general a todos los santandereanos por la actitud sumisa y casi de reclinatorio frente al gobierno central. Como decía un amigo: ¡eso nos pasa, por ser tan pingos! Ojo, que no lo incluyan en las promesas de las próximas elecciones.

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