lunes 17 de agosto de 2009 - 10:00 AM

La bella Suiza

Hace muy pocos días, tuve la oportunidad de visitar a Suiza y compartir durante una semana con la prima Aminta Sarmiento, su esposo Antonio y su hijo Tony Mentis. Fue una ocasión muy especial por la cercanía de nuestros anfitriones, placentera por la compañía de Hilda y Socorro e ilustrativa por la agenda que Aminta nos tenía preparada. Cuando uno recorre a Suiza y lo hace como observador del tiempo transcurrido se nota, de lejos, el trabajo y la inversión pública que han realizado.

Nuestra sede fue Lucerna, en el centro de Suiza. Desde allí nos quedaba muy fácil desplazarnos a cualquiera de los puntos cardinales del principal exportador de productos elaborados a base de chocolate; es sede de la compañía más importante del mundo en la producción de comestibles; es la nación que más explotación hace de productos lácteos y allí se fabrican las más prestigiosas marcas de relojes; como es inconfundible y apreciada la industria panificadora y de repostería. Para no hablar de la respetada opinión que genera en el tema financiero, que tanto prestigio le ha otorgado y que, además, nos preguntamos, ¿Porqué en Suiza? Allí está Basilea, donde se dictan las normas contables y financieras que se aplican en toda la banca internacional.

La bolsa de Zurich, que marca el termómetro de lo que ocurre en las finanzas europeas; también se encuentra la encumbrada ciudad de Davos, donde se reunieron los jefes de Estado para analizar, desde la perspectiva de los países ricos, los del G7, las nuevas reglas del juego de la economía internacional. Y, para culminar con las bondades que Suiza representa, nos encontramos con Ginebra, sede de las Naciones Unidas, de la OIT, de las cooperativas y allí, también, acuden los desplazados bajo el amparo de la silla vacía y su pata coja, símbolo del desequilibrio de las relaciones en el mundo contemporáneo y que requiere para su armonía del buen funcionamiento del organismo multilateral.

Pero ¡Suiza es mucho más! Su gente es encantadora, dispuesta a compartir con los extranjeros, sus logros. Subimos al Monte Pilatus, toda una maravilla, desde allí se divisa Lucerna para bajar luego al lago –de tantos que tienen para pasear en barco– es una verdadera delicia, es el disfrute de la naturaleza; allí se observa el relieve montañoso, el deshielo, la formación de los lagos y el nacimiento de algunos ríos que corren por la Europa Central bañada por las cristalinas aguas alpinas. Déjenme contarles algo de la infraestructura: Es lo mejor de Suiza: carreteras, túneles, ferrovías, aeropuertos y una extraordinaria movilidad; para resaltar, el cuidado de la naturaleza y el respeto a la opinión ajena. ¡Su ejemplo de vida es una invitación a convertirnos en buenos ciudadanos del mundo! Para Aminta y su familia nuestros gratos recuerdos. 

 

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