lunes 12 de octubre de 2009 - 10:00 AM

Prosperidad colectiva

Existen diversas maneras de observar el grado de prosperidad que presenta un país, en general, o si se prefiere, también puede segmentarse por rangos poblacionales y aún por áreas geográficas. El desarrollo armónico deseado, solo es posible cuando existen políticas públicas encaminadas a cubrir los desequilibrios existentes y en dicho propósito el presupuesto tiene una clara orientación hacia el cierre de la brecha social existente, al interior de la sociedad.

Varias razones nos demuestran la conveniencia de alcanzar, para todos, mejores niveles de desarrollo. El solo crecimiento económico, aunque es fundamental, no alcanza a ser suficiente para impulsar el desarrollo sostenido de un país. Se requiere de la combinación de esfuerzos para lograrlo, más temprano que tarde. A la velocidad que se vive hoy en día y al ritmo que las circunstancias se presentan, cambiando de manera repentina los patrones que parecían constantes, la gente nueva quiere más presente que futuro incierto. Esa realidad modifica un poco la perspectiva de lo que es necesario construir y cuestiona el plazo en el cual se debe tener la solución. Leer en la esperanza colectiva lo que se anhela, formará parte del éxito para quienes tienen la misión de ofrecer oportunamente lo que la gente necesita. En América Latina, donde es acentuada la presencia multi – étnica, se presentan conflictos acerca del enfoque que los gobiernos otorgan al modelo de desarrollo que cada país impulsa. El ejercicio del poder público debe servir para acercar esas diferencias y la estructura de impuestos no solo para cubrir los gastos de funcionamiento, sino que debe alcanzar para fomentar mejores condiciones de vida mediante el logro de importantes avances en los indicadores de desarrollo humano – salud universal, educación básica para todos los habitantes, legislación abierta que propicie la real participación de los diversos grupos étnicos que la conforman, vivienda digna al alcance de los sectores de menores ingresos y obras de infraestructura que posibiliten la conectividad, las telecomunicaciones y estimulen la competitividad que la economía requiere para su crecimiento y así propiciar la justicia distributiva en el ingreso, si tenemos una política de generación de empleo, con calidad.

La prosperidad colectiva nos corresponde a todos construirla, no solo recae sobre el Estado. Las empresas tienen un compromiso social con el país, y los ciudadanos debemos vigilar el destino de las inversiones. Un patrimonio colectivo que propicie mejores niveles de vida, será el instrumento idóneo para alcanzar la paz que tanto necesitamos.

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