sábado 11 de septiembre de 2021 - 12:00 AM

Espiritualidad (II)

Explicaría por qué la espiritualidad y religiosidad son experiencias vitales que ayudan a controlar el dolor físico y emocional en diferentes enfermedades incluyendo el cáncer.
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En columna anterior mencionamos que la espiritualidad nace en los circuitos localizados en la sustancia gris periacueductal del tronco encefálico (PAG) (base del cráneo) y no como se pensaba, en el lóbulo prefrontal. La PAG es una estructura muy conocida al ser la zona cerebral donde nace la respuesta al miedo, se regula la frecuencia cardiaca, se activa el sistema nervioso simpático y se desencadena la liberación de opioides (analgésicos del cerebro) atenuando todo tipo de dolores.

En estos mismos circuitos, nace el apego y vinculación desde que nacemos; conexiones que se alteran cuando el niño presenta estrés tóxico, educación inadecuada, manipulación de información y agresiones, con consecuencias para toda la vida.

Con la pandemia, muchas personas han tenido experiencias religiosas y espirituales que han modificado su personalidad. El dr Fergusson, coordinador del estudio, demostró que el famoso “punto de Dios” como tal, no existe; la espiritualidad nace de una actividad dinámica en diversas áreas cerebrales que se procesan en la PAG.

¿Qué tiene de importante este hallazgo? Explicaría por qué la espiritualidad y religiosidad son experiencias vitales que ayudan a controlar el dolor físico y emocional en diferentes enfermedades incluyendo el cáncer. Enseña por qué el niño necesita el apego y consentimiento para aprender a manejar las emociones e inteligencias vitales en la vida adulta. Apoya por qué es esencial la presencia de la religión o la espiritualidad en muchas personas, vital para llevar una vida equilibrada y sana. Enseña la relación entre estrés y enfermedad y equilibrio y sanación.

Hay que aclarar que el estudio fue realizado en personas que tuvieron tumores y traumatismos cerebrales severos lo que permitió analizar la presencia o ausencia de estos circuitos con experimentar sentimientos religiosos y espirituales. Como hallazgo secundario, observaron que las personas altruistas presentan gran activación de esta área cerebral. La persona altruista, es optimista y tiene gran confianza en sí mismo; posee grandes sentimientos; en sus actuaciones y conductas, reacciona con mínima cantidad de estrés, presentando menos enfermedades crónicas relacionadas con el envejecimiento.

Educar niños sin sentimientos espirituales es conducirlos a una vejez conflictiva y problemática.

Autor
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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